De repente, anunció que se haría cargo de los gastos principales de la boda, así que yo debía cubrir el coste total del viaje.

Querido diario,

Hace seis meses mi amiga Lidia se casó y yo tuve el placer de estar presente en la ceremonia. Apenas unas semanas después descubrí que había presentado la demanda de divorcio. Eran una pareja muy querida, así que algo debió haber salido mal. Ese fin de semana llamé a Lidia y quedamos para ponernos al día.

Llegó, algo tarde, al Café La Tertulia, nuestro sitio favorito. Respiraba con cierta prisa, como si hubiera corrido. Le dije en broma que había llegado tarde, pero noté que estaba más cansada de lo normal. Algo le había ocurrido, porque Lidia suele ser una contadora de chistes excelente.

Lidia, no voy a darle vueltas al asunto. ¿Por qué quieres divorciarte? ¿Te ha sido infiel? ¿Qué ha pasado?

No, no me ha sido infiel ni me ha agredido. Simplemente es una persona codiciosa. Por eso hemos decidido separarnos.

¿Codicioso al punto de divorciarse?

Ya sabes, desde el primer día él insistía en que todos los gastos se repartieran por igual. Al principio pensé que sólo se refería a los gastos de la boda. Como él no podía pagar nada, yo puse una parte. Pero pronto empezó a exigir que yo aportara exactamente lo mismo que él. Mi sueldo es tres veces mayor que el suyo, y yo esperaba que, de vez en cuando, él me hiciera algún regalo. En vez de eso, empezó a darme lecciones sobre cómo ahorrar.

Cada día calculábamos juntos los gastos del día anterior. ¡Incluso me pedía los recibos! Al principio pensé que era por los gastos de la boda, pero él decía que quería mejorar nuestra situación financiera. Cuando organizamos la boda, lo hicimos todo sin ayuda de los padres, pero la situación sólo empeoró. Llevaba un cuaderno especial donde yo debía anotar y justificar cada gasto.

¿Te ha pedido que solicites un subsidio para la comida?

Una vez se enfadó tanto porque compré unos zapatos sin consultarle que me dijo que a partir de entonces debía pedirle permiso antes de adquirir cualquier cosa cara y, además, informarle después de la compra.

¿Por qué no te fuiste antes?

No lo sé. Lo peor que he vivido fue nuestro viaje fallido a Marruecos, que habíamos planeado como luna de miel antes de la boda. Ahorré mucho para ello y me endeudé con amigos, confiando en que él también aportaría. De repente anunció que él se haría cargo de los principales gastos de la boda, así que yo tendría que pagar todo el viaje. Me acusó de no saber ahorrar, pero eso no fue lo peor. Anteayer me dijo que él iría solo a Marruecos y que conseguiría el dinero del viaje él mismo. Esa frase me dejó casi sin aliento. Esa misma noche se marchó con una maleta. No lo despedí; simplemente se fue. Yo empecé a empaquetar mis cosas y, ayer, presenté la demanda de divorcio.

He apoyado a mi amiga en todo momento. Nadie necesita a un hombre tan ávido. Es una pena que no lo haya visto antes de casarse, pero mejor divorciarse ahora que sufrir años. Un hombre así no protegería ni a sus propios hijos.

Con cariño,
María.

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De repente, anunció que se haría cargo de los gastos principales de la boda, así que yo debía cubrir el coste total del viaje.
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