Ser Agradecido

Buenas, mis queridos seguidores, estimados lectores.

Hoy es 2 de diciembre, el invierno ya marca el calendario, aunque en nuestro húmedo y gris suburbio madrileño la verdadera helada aún no se siente. Gracias a Dios, el otoño ha terminado y el otoño que viví fue una pesadilla, casi infernal.

Los suscriptores de mi canal de Telegram lo han visto todo y han estado conmigo en cada paso: cuando enfermé, cuando estuve ingresada en el primer hospital, luego en el segundo y, hasta durante la operación.

No quise escribirlo aquí, en esta plataforma, porque era demasiado personal; lo dejé todo en Telegram, que últimamente se ha convertido en mi refugio, en mi pequeño hogar donde puedo esconderme, recibir apoyo y escuchar palabras de aliento.

Mis queridos suscriptores de Telegram, sé que me leéis también aquí. Gracias de nuevo por vuestros mensajes de ánimo, por las oraciones en mis días más oscuros. Sentí que no estaba sola, que estaba acompañada, y solo gracias a vosotros todo ocurrió como debía. Mi gratitud es infinita, os quiero y os valoro mucho.

Ahora, un breve resumen de lo ocurrido. El 2 de septiembre tuve una crisis de ritmo y llegué en ambulancia al Hospital Universitario La Paz. Me diagnosticaron fibrilación auricular; no entraré en términos médicos, pero os digo, queridos, que fue el infierno. Jamás imaginé que una arritmia escondiera tal horror.

Durante cuatro días no pude ni sentarme; al estar de pie mi pulso alcanzaba los 220 latidos por minuto. Después, tras doce días, la condición se estabilizó un poco, pero los episodios no desaparecían. Subir al segundo piso, un movimiento brusco de la mano o del pie, un estornudo, ponerse de pie rápidamente, caminar con prisa todo provocaba una crisis con pulso de hasta 250, una angustia que desembocaba en ataques de pánico y desmayos frecuentes.

El 7 de noviembre ingresé en el renombrado Instituto Nacional de Cardiología, situado en el corazón de Madrid, en la calle de la Villa. Seguramente alguno de vosotros ha estado allí. El 19 de noviembre me realizaron una intervención mínimamente invasiva para eliminar la arritmia, combinando ablación por radiofrecuencia y crioterapia.

La recuperación tampoco ha sido fácil. La ablación no garantiza la erradicación total de la arritmia, pero confío en que, en mi caso, la suerte me acompañe. ¡Que Dios la quiera!

Pasemos ahora a lo positivo. Hoy he recibido un reconocimiento de la plataforma Dzen: una placa conmemorativa. No es un premio económico, pero resulta increíblemente reconfortante saber que, aunque no sea una bloguera de cien mil seguidores, sí soy una creadora reconocida, y que mi esfuerzo ha sido valorado. Gracias, querido Dzen, por todo: por la experiencia, el conocimiento, por los suscriptores, muchos de los cuales son ya amigos, por la posibilidad de generar ingresos y ayudar a mis seres queridos. ¡Mil gracias!

Y a vosotros, mis queridos, gracias por leer mis relatos y por las donaciones, que recibo en euros; lo veo todo, lo valoro y lo recibo con gratitud.

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