Diario personal, 28 de octubre
Llevo dándole vueltas a esto desde hace ya un año. Mi hijo lleva unos doce meses viviendo con Lucía, pero no conocemos a su familia, y eso siempre me ha resultado un poco extraño. Pensar en ello me inquieta, y por eso decidí investigar un poco más.
Siempre he procurado inculcarle a mi hijo el mayor respeto por las mujeres: su abuela, su madre, su compañera, su hija… Pienso que no hay característica más valiosa en un hombre que el respeto hacia las mujeres que forman parte de su vida. Tanto mi marido como yo nos hemos esforzado en darle la mejor educación posible y en enseñarle cómo desenvolverse con soltura por el mundo. Queríamos que saliera adelante por sí mismo, aunque al final terminamos comprándole un piso de dos habitaciones aquí en Madrid, porque a pesar de que trabaja y se sostiene, no podía permitirse todavía una vivienda propia.
Eso sí, no se lo regalamos de primeras, ni siquiera le contamos que lo habíamos comprado. ¿La razón? Por entonces ya convivía con Lucía. Nos llamó la atención, además de eso, que tras tanto tiempo juntos, no hubiéramos tenido ocasión de conocer a sus suegros. Me parecía todo un poco fuera de lugar.
Después me enteré, a través de una vieja amiga que conocía a su familia resulta que la madre de Lucía fue vecina suya muchos años, de cosas que me hicieron saltar la alarma. Al parecer, la madre de Lucía echó de casa a su esposo cuando comenzó a ganar menos dinero, pero ahí no acabaron las rarezas. La mujer empezó a salir con un hombre casado y acomodado, y esa historia se repetía en la familia: la abuela de Lucía también había tenido una relación con un hombre casado. Incluso obligó a su hija y a su nieta a ir de vez en cuando al chalet que él tenía en Segovia, para ayudar en el campo.
Por lo visto, mi hijo incluso ha tenido que lidiar con situaciones incómodas provocadas por su futura suegra. Pero lo que de verdad me quita el sueño es lo que contaba mi amiga: tanto la abuela como la madre están poniendo a Lucía en contra de su propio padre.
Se nota que la chica aprecia mucho a su padre, pero la influencia de esas dos mujeres está deteriorando esa relación poco a poco. Y para rematar el cuadro, Lucía ha decidido dejar la universidad, convencida de que el hombre es quien debe mantener a la familia. Vale, en parte entiendo ese enfoque, yo misma crié a mi hijo para que fuera responsable y proveedor. Pero lo que me angustia es… ¿qué pasará si un día se tuercen las cosas? ¿Quién le va a ayudar en caso de que se enfrenten a dificultades? Porque una cosa es educarlo en el esfuerzo y la responsabilidad, y otra muy distinta es lanzarlo a la intemperie sin red.
Por cierto, ya he puesto el piso a mi nombre. Sé muy bien el tipo de persona que es mi hijo, un muchacho noble, como decimos aquí, más bueno que el pan, y encima confía en todo el mundo. Es cierto que lo adquirido antes del matrimonio no se reparte en caso de divorcio según la ley española, pero Lucía es inteligente y me temo que, si las cosas fueran mal, dejaría a mi caballero sin nada salvo un par de calcetines y poco más.
Necesitaba escribir todo esto para aclararme las ideas. España ha cambiado mucho, pero no me acostumbro a este tipo de historias. Estoy intranquila, pero al menos me quedo un poco más tranquila después de haber tomado mis precauciones.







