Cuando subí al avión rumbo a Roma con mi esposa, descubrimos que nuestros asientos estaban ocupados por una madre y su hijo pequeño: así resolvimos, con ayuda del auxiliar de vuelo, que respetasen la plaza que habíamos elegido y pagado con antelación

Al subir al avión, me doy cuenta de que nuestros asientos ya están ocupados.

Mi esposa y yo teníamos planeado visitar a nuestros familiares en Sevilla. Compramos dos billetes de avión, asegurándonos de que uno fuera junto a la ventanilla y estuvieran juntos.

En el avión en el que viajamos, hay tres asientos por fila. Lo tenía presente, así que elegí los asientos de manera estratégica para sentarnos uno al lado del otro con ventana asegurada.

Sin embargo, al embarcar, veo que nuestros sitios están ocupados. Reviso de nuevo mi billete y todo está correcto. En mi asiento hay sentada una mujer, y en el de mi esposa, su hijo de unos cinco años. Ella se comporta con total normalidad, así que pienso que quizá ha confundido el número de asiento sin darse cuenta.

Disculpe, está usted en nuestros asientos, le digo educadamente.

La pasajera ni se inmuta. Mi esposa repite el comentario y, entonces, la mujer se gira y nos contesta:

Mi hijo quería sentarse en la ventana. El que llega antes, elige mejor. No pienso cambiarme. Si quieren, hay sitios libres en la fila del medio.

Lo siento, pero elegí y pagué estos sitios precisamente por la ventana. Le pido por favor que se siente donde corresponde y no busque problemas.

¿No ve que el niño está ilusionado? Si le cambio ahora, se va a disgustar. ¿No tienen ustedes hijos? Ya son adultos.

Optamos por no discutir y decidimos llamar al auxiliar de vuelo. Sólo después de que el azafato le pidiera que se cambiara, accedió a ir a sus asientos.

Si tanto deseaba el sitio de la ventana para su hijo, ¿por qué no compró ese billete con antelación? Es puro egoísmo.

Gracias a que el azafato resolvió rápido el asunto, el conflicto no fue a más. El resto de pasajeros nos apoyó; al fin y al cabo, en ningún momento quise montar un escándalo, sólo intenté resolverlo de la forma más tranquila posible.

Lo que no consigo entender es por qué algunos padres creen tener más derechos que los demás por ir con niños. Nosotros también tenemos hijos, pero nunca se nos ocurriría quitar a nadie su sitio o tratar de saltarnos la cola.

Me alegra que el resto del vuelo transcurra sin contratiempos y espero que la señora haya aprendido a reservar sus asientos con previsión y respetar a los demás pasajeros.

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