Mi amigo, de 42 años, ha encontrado esposa: dice que es una excelente ama de casa y una gran cocinera, y que lo demás no le importa

Mi amigo, de 42 años, ha encontrado esposa. Me cuenta que es una ama de casa excelente y cocina de maravilla; el resto, dice, le da igual.

Conozco a Luis desde que éramos niños. Éramos vecinos de portal en Valladolid y, claro, surgió la amistad. Cuando llegamos a la adolescencia, salíamos siempre en grupo a la Plaza Mayor, unos a pasear y otros simplemente a sentarse en un banco y charlar. Las chicas en aquella época no nos quitaban el sueño; nos interesaba mucho más el qué dirían los amigos. Nadie quería hacer el ridículo delante de los demás.

Después me tocó hacer la mili, mientras que Luis, de manera milagrosa, consiguió escaquearse. A mi vuelta encontré trabajo, luego me casé. Estuve con mi mujer diez años, tuvimos dos hijos, y un día nos dimos cuenta de que ya no teníamos nada que ver el uno con el otro. Empezaron las discusiones y llegamos al acuerdo de que no tenía sentido seguir juntos. No tardamos en divorciarnos.

Un par de años después, ya libre otra vez, me crucé con Luis casi sin querer en la calle Santiago. En esos doce años había cambiado una barbaridad: había cogido bastante peso.

Nos fuimos a tomar un café y a ponernos al día. Resulta que él también se había divorciado y andaba buscando otra pareja. Pasó un año entero, y yo mismo conocí a una mujer con la que acabé casándome de nuevo. Un día, me encontré otra vez con Luis y me contó que también había rehecho su vida. Pero su esposa, sinceramente, no me hizo mucha gracia; era una mujer muy corpulenta.

¿Pero qué te llamó la atención de ella? le pregunté.

Y Luis me contestó que era una ama de casa impecable y cocinaba de muerte.

Y, lo más importante, me deja vivir. Puedo tomarme mis cañas tranquilo mientras veo el fútbol o salir con los amigos por ahí. Nunca me dice nada, ni me pone pegas. Es la mujer ideal.

No pude evitar sorprenderme. Para mí, la relación de pareja significa otra cosa. Entiendo que lo de cocinar y limpiar es importante, faltaría más. Pero lo que de verdad cuenta es que exista amor.

Para algunas personas, la limpieza y la buena comida pueden pesar más en la balanza. Yo, sin embargo, busco que mi mujer y yo podamos entendernos de un modo más profundo, como si fuésemos uno. Creo que lo esencial es el respeto mutuo, el compartir intereses y divertirnos juntos. Nos gusta cocinar y limpiar la casa los dos; es algo que hacemos con frecuencia.

Como dos personas que pedalean en la misma dirección al andar en bici: las posibilidades de recorrer juntos todo el camino son mucho mayores.

¿No crees lo mismo? Al mirar hacia atrás, me queda claro que para mí esa compenetración y afinidad son la clave de una convivencia feliz.

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