¡Pelona, despierta! Así me solía despertar mi marido cada mañana.
Fue el año pasado cuando decidí hacer algo en lo que jamás antes había pensado. Hacía ya un tiempo que había empezado a notar que me salían granitos por toda la cabeza, como si fuese una erupción; el cuero cabelludo me picaba terriblemente y el pelo empezó a caerse.
Fui a varios dermatólogos y tricólogos, pero ninguna consulta sirvió de mucho. La doctora me desaconsejó tomar vitaminas, porque según ella no le servían de nada a nadie. Más tarde leí un artículo donde aseguraban que afeitarse la cabeza por completo fortalecía muchísimo los folículos pilosos. Le di muchísimas vueltas antes de atreverme, incluso cuando mi hijo me dijo que le daría miedo verme calva, al final me lancé
Le pedí a mi marido que me pasara primero la máquina cortapelos y después la cuchilla de afeitar. Él me hizo caso, aunque estaba convencido de que no era capaz de hacerlo de verdad. Pero tras todo el proceso, cuando me vi en el espejo, me sorprendí de que tenía una cabeza perfectamente redonda.
Lo peor fue el frío al salir a la calle sin pelo, y cuando empezó a crecerme, se me quedaba pegado a la almohada, una sensación de lo más desagradable.
Después de afeitarme, mi marido empezó cada mañana con su ¡Pelona, despierta!, y no podía evitar partirme de risa, siendo yo la más calva de la familia. Al principio mis hijos se quedaron boquiabiertos, pero luego mi hijo hasta quiso parecerse a mí.
Mi madre me dijo que por favor no me dejara ver por ella hasta que volviera a tener pelo, porque no iba a soportar la imagen. Mi hija me rogaba que no fuese sin gorro a la reunión del colegio; mi marido, tan tranquilo como siempre, soltó que si iba allí sin gorro, se olvidaría todo el mundo de para qué estaba convocada y que las madres de la clase de mi hija me envidiarían por el estilazo.
Curiosamente, después de afeitarme la cabeza, los granitos desaparecieron por sí solos. Y mi hija sigue riéndose y diciendo que ya no sabe con qué voy a salirle la próxima vez. Un día incluso la oí decirle a su hermano que pensaba que me iba a tatuar la cabeza calva.






