—¿Y ahora va a vivir aquí con nosotros? —preguntó mirando a su esposa mientras observaba a su hijo…

¿Y ahora va a vivir aquí con nosotros? pregunta él a su esposa, contemplando a su hijo

María Antonia llega a casa y se queda muy sorprendida al ver a su hijo. Sergio llevaba ya dos años viviendo con su esposa en otro piso y apenas se veían un par de veces al mes, solo los fines de semana. Sin embargo, hoy es martes y acaba de empezar la semana laboral.

¿Ha pasado algo? pregunta María Antonia en lugar de saludar.

¿No te alegras de verme? intenta bromear Sergio, pero al recibir la mirada seria de su madre, responde: Me he separado de Carmen.

¿Cómo que te has separado? le responde ella, con voz firme.

Con su carácter recto, las bromas nunca le han gustado demasiado. Al fin y al cabo, trabaja como educadora en un centro de menores y eso deja huella.

Pues nos hemos peleado balbucea Sergio, dejando claro con su expresión que no quiere hablar del tema.

¿Y entonces? le mira fijamente a los ojos. ¿Vas a venir aquí cada vez que discutas con tu mujer?

Vamos a divorciarnos suelta Sergio de golpe.

María Antonia sigue mirándole, exigiendo una explicación. Finalmente, Sergio suspira y confiesa:

Ella quiere que también me encargue de las tareas domésticas, y yo ya llego agotado del trabajo

¿Y te cuesta tanto echar una mano en casa? su madre no le da la razón.

Ella me dijo lo mismo. Pero yo le respondí que la mujer es quien debe cuidar el hogar y ocuparse de esas cosas.

¿Y de dónde te has sacado esas tonterías? le pregunta su madre, perdiendo ya la paciencia.

Está cansada después del trabajo, lo único que desea es una ducha, descansar, cenar tranquila con su marido, y ahora su hijo aparece con esos aires de patriarca medieval. Ella ha compartido toda la vida con su marido, nunca le ha oído decir semejante cosa; siempre se han ayudado mutuamente, comparten las tareas, criaron juntos a los hijos y nunca han discutido por quien hacía qué. ¡Y ahora va de HOMBRE de la casa!

¡Te estoy hablando! le grita, con tal fuerza que si Sergio no fuera adulto, seguro que se habría echado a llorar. ¿Dónde has aprendido esas idioteces? ¿Ya te cansaste de cazar mamuts? Los dos trabajáis, los dos contribuís; pues las tareas de casa también se comparten. ¿Le has dicho acaso que se quede en casa y deje el trabajo para dedicarse a la casa? ¿No? Entonces, ¿qué tonterías son esas? ¿Has visto alguna vez a tu padre y a mí discutir por las tareas domésticas? Es porque somos lo suficientemente inteligentes para tirar del carro juntos y en igualdad.

En ese momento, llega su padre Augusto y al ver a Sergio pregunta extrañado:

¿Ha pasado algo?

Hasta hacen las mismas preguntas, piensa Sergio, aunque fuera solo dice:

Me divorcio de Carmen

Menuda tontería responde Augusto, mientras entra en la cocina con la bolsa de la compra.

Augusto, nuestro hijo es un cabeza dura le comenta María Antonia, contándole la razón de la discusión.

Entonces, ¿vivirá aquí con nosotros? pregunta Augusto a su esposa y luego se dirige a su hijo:

¿Sabes de dónde viene la palabra cónyuge? Del que comparte el yugo, es decir, de quien tira contigo de la vida en pareja. Debéis empujar juntos, ni uno trabaja menos que el otro, ni sobrecargas al compañero. Si uno se escaquea, al otro le toca tirar más. Y así termináis mal los dos y la familia se resiente.

Sergio se queda pensativo, aunque la rabia hacia su mujer no se le va. Esperaba que sus padres le comprendieran, pero la realidad es que se han puesto en su contra. Sus padres continúan con sus rutinas, hablando de Sergio sin apenas mirarle. Augusto saca los alimentos de la bolsa; María Antonia los va colocando. Claramente demuestran que Sergio está de más y que no piensan hacerle el favor.

Sergio observa la armonía familiar y no logra entender cómo, siendo tan firmes en la vida, sus padres se tratan con tanta ternura.

¿Y qué haces aquí parado? ¡Vuelve con tu esposa y arregla las cosas! le ordena Augusto. Y déjate de tonterías sobre lo que uno debe o no debe hacer. Debéis cuidaros y ayudaros mutuamente, eso es lo importante. Venga, fuera, tu madre y yo tenemos nuestros asuntos.

Sergio sale de casa descolocado, no era la reacción que esperaba. Por lo menos, la rabia hacia Carmen comienza a disiparse y entiende que también él tuvo parte de culpa por discutir por algo absurdo. Al menos ha entendido que lo que realmente desea es construir una familia feliz, igual que sus padres.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

3 × 1 =

—¿Y ahora va a vivir aquí con nosotros? —preguntó mirando a su esposa mientras observaba a su hijo…
Un hijo ingrato es peor que el forastero (historia sencilla)