Hombre rescata a un ciervo con el cuello y el cuerpo enredados en una cuerda: salvó al animal y luego ocurrió algo increíble

Hoy viví algo que nunca olvidaré. Un grupo de amigos y yo habíamos ido de excursión a los bosques de la Sierra de Guadarrama, cerca de Madrid. Montamos las tiendas, encendimos una hoguera, cantamos canciones y reímos bajo las estrellas. Todo era perfecto hasta que alguien notó que Javier, un hombre de unos treinta y cinco años, había desaparecido.
Al principio, nadie se preocupó demasiado. Pensamos que se habría alejado para tomar fotos del paisaje. Pero los minutos pasaban, y la inquietud crecía.
Mientras tanto, Javier caminaba entre los árboles, su cámara en mano. Unas flores silvestres junto al sendero llamaron su atención. Se detuvo para fotografiarlas y, cuando alzó la vista, el corazón se le heló: el camino había desaparecido. Solo había maleza espesa a su alrededor.
¡Eh! ¡Estoy aquí! gritó, pero solo recibió el murmullo del viento como respuesta.
Avanzó sin rumbo, esperando oír voces o ver el humo de la hoguera. El agua de su cantimplora se acabó pronto, y no llevaba comida. El bosque se oscurecía, el frío aumentaba, y el miedo se apoderaba de él.
Horas más tarde, exhausto, escuchó un sonido extrañoun quejido sofocado. Se quedó inmóvil, el pulso acelerado. Entre los arbustos apareció un ciervo, pero algo andaba mal: una gruesa cuerda le estrangulaba el cuello y el cuerpo. El animal jadeaba, desesperado.
Dios mío murmuró Javier, acercándose con cuidado. Tranquilo, no te haré daño.
El ciervo resopló, pero no huyó, como si entendiera sus intenciones. Con manos temblorosas, Javier sacó su navaja y cortó la cuerda. El animal se agitó, pero al final quedó libre.
Respiró hondo, miró fijamente a Javier y emitió un sonido largo, casi humano. Luego, dio unos pasos hacia el bosque y volvió la cabeza, como invitándolo a seguirlo.
Algo en ese gesto le hizo obedecer. Caminaron entre la espesura hasta que, de pronto, Javier divisó el resplandor de la hoguera. Sus amigos, angustiados, lo recibieron con alivio.
Cuando se volvió para agradecer al ciervo, este ya no estaba. Solo el crujir de unas ramas lejana le confirmó que no había sido un sueño.
Nunca sabré si fue real o magia del bosque, pero hoy un animal me devolvió la vida.

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Hombre rescata a un ciervo con el cuello y el cuerpo enredados en una cuerda: salvó al animal y luego ocurrió algo increíble
—Ya no eres mi hija.