**Diario Personal**
Heredé una vieja casa en medio del bosque de mi abuela. Siempre quise ir a verla, pero mi madre me lo prohibió, y ahora entiendo por qué.
De pequeña, apenas tuvimos contacto con mi abuela materna. Solo recuerdo vagos momentos, unos pocos años de visitas, y después, nada más. Nunca supe la razón. Era demasiado pequeña para preguntar, y cuando crecí, mi madre siempre cambiaba de tema. Con el tiempo, me acostumbré.
Hace poco, recibí la noticia: mi abuela había fallecido. No puedo decir que me doliera, porque apenas la recordaba. Pero hubo algo que me sorprendió: me dejó en herencia su casa en el pueblo. La curiosidad pudo más que la indiferencia. Quería verla, al menos, para decidir si venderla después. Pero cuando se lo comenté a mi madre, su reacción fue inesperada:
No vayas, te lo ruego.
¿Por qué, mamá? ¿Qué pasa ahí?
No quiero que vayas.
Mamá, ¿qué escondes?
Nada
¡No es cierto! ¿Por qué no hablabas con la abuela? ¿Por qué nunca me contaste nada?
Solo no vayas. Te arrepentirás. No puedo decir más.
Sus palabras avivaron mi curiosidad. Demasiados secretos en esta familia. Decidí ir.
La casa estaba en mitad de un bosque, de ladrillo viejo, con un porche desgastado. Parecía normal, incluso acogedora. Me acerqué, levanté el felpudo y encontré la llave.
La giré en la cerradura lentamente, abrí la puerta y entré. Pero al cruzar el umbral, el horror me paralizó.
Mientras recorría las habitaciones, algo llamó mi atención: una fotografía en la pared. Me acerqué y el corazón se me heló. En la imagen estaban mis padres, yo con apenas tres años y un niño de unos diez.
¿Quién era? Nunca lo había visto. Con manos temblorosas, llamé a mi madre.
Mamá ¿quién es ese niño en la foto?
Silencio. Luego, un sollozo.
No deberías haber visto eso susurró. Era tu hermano mayor.
No podía creerlo.
¿Mi hermano?
Y entonces lo contó. Hace años, fuimos todos al pueblo de la abuela. Yo tenía tres años, él diez. Jugábamos en el patio mientras ella cocinaba. Él trepó a un árbol, se resbaló, cayó mal y se rompió la columna. No sobrevivió.
Desde entonces, mi madre culpó a la abuela y cortó todo contacto. No quería que el pasado me hiciera daño.
Ahora, aquí estoy, con el teléfono en la mano, mirando la foto de ese niño que nunca conocí. Mi hermano.







