La felicidad es posible
El padre de Lucía es tan bueno, tan alegre, y tan cariñoso. El mejor papá del mundo.
Lucía espera con ilusión a que su padre vuelva de sus viajes de trabajo, con regalos y un montón de historias.
Cuando él llega, su madre se pone contentísima, pero la abuela, en cambio, se enfada.
Ni siquiera viene a verlos entonces.
A Lucía le encantaría que su abuela y su padre se llevaran bien.
¡Ay, las historias que cuenta su padre! A Lucía le duele la barriga de tanto reír.
Esta vez, su padre le ha traído una muñeca grande y un conejo de peluche blanco.
¿Este conejo es una niña, verdad, papá?
Sí, Lucía Es una niña. ¿Sabes cómo se llama?
Nooo.
Lola.
¿Lola? ¿Como mamá?
Sí, para que siempre tengas una Lola pequeña contigo.
Su padre y su madre sonríen. Él también le trae regalos a su madre, y ella, algo avergonzada, le dice que los malcría.
¿Y cómo no voy a malcriaros? Sois mis niñas favoritas.
Cenan juntos, y después su padre le cuenta a Lucía sus historias divertidas.
En el ejército había un soldado, ¿sabes qué apellido tenía?
¿Cuál? pregunta Lucía.
Trueno. Era grandote, con unos hombros así de anchos abre los brazos su padre. Fuerte como un toro, pero su mejor amigo se apellidaba Ratón, pequeñito como uno de verdad. Eran inseparables.
Y había otro chico, se apellidaba Gato. Imagínate: Gato, Ratón y Trueno, los tres siempre juntos cuenta su padre.
Lucía ríe sin parar y se duerme feliz.
Al día siguiente, pasan todo el día juntos: van al parque, comen helados, montan en los columpios. Lucía se queda dormida en el hombro de su padre de lo cansada que está.
Pero por la mañana cuando se despierta, su padre no está.
¿Estará en el baño? ¡Claro! Solo se está lavando la cara.
Su madre está sentada a la mesa, pensativa.
Mamá, ¿va a salir papá pronto? Tengo que lavarme los dientes.
Cariño su madre sonríe, pero Lucía ve lágrimas en sus ojos. Tu padre ha tenido que irse.
¿A trabajar? ¿Tenía algo urgente?
Sí, cariño, algo urgente.
Lucía crece. Su padre sigue viniendo de vez en cuando, pero la abuela no quiere ni oír hablar de él.
Ni siquiera saluda como es debido. Gruñe algo y aparta la mirada. No celebra nada con nosotras, ni cumpleaños, ni Navidad Todo es su maldito trabajo.
¿Que por qué no se casa? Ja. Como si no lo supiéramos. Seguro que ya está casado, Lola
Escúchame bien le dice la abuela a su madre. La próxima vez que venga, revisa su pasaporte. O si no, lo hago yo.
¡Mamá! su madre se enfada. ¡No hace falta revisar nada!
Su padre sigue visitándolas, y Lucía es feliz, pero nota algo raro. Su madre y su padre empiezan a hablar en tono elevado.
Su padre se pone triste cuando su madre le susurra cosas, como exigiendo algo Lucía cree que es por su trabajo. Quizá quiere que deje ese empleo y busque otro.
Las visitas se vuelven más tensas. Discuten cada vez más fuerte.
Lola, no entiendes Tengo obligaciones, no puedo hacer eso
¿Y con nosotras sí? ¿Eso sí puedes?
Aquella vez, su padre se fue cabizbajo, sin quedarse a pasar la noche, después de darle un beso a Lucía.
Te lo dije, Lola refunfuñaba la abuela. Todo secreto. Seguro que escondía algo. ¿Lo sabías? ¡Dimelo! ¿Lo sabías?
¡Lo supe! grita su madre, desafiante. Lo supe después, cuando ya era tarde. Se puso de rodillas, mamá Me rogó que dejara seguir con el embarazo. Dijo que ella no podía tener más hijos, que si nacía un niño se iría enseguida Pero nació Lucía Y él la quiere, mamá, la adora.
¿Adorarla? Si de verdad la adorara, viviría con vosotras. ¿Qué le vas a decir cuando crezca?
Su madre calla. Solo llora en silencio.
Poco después, su padre viene. Se encierran con su madre en la habitación y hablan durante horas.
Luego, todo parece volver a la normalidad. Su padre bromea y cuenta historias, pero Lucía nota tensión.
Su madre está seria, suspira y la manda pronto a la cama.
Pasan semanas sin que su padre visite. Lucía pregunta cuándo vendrá. Su madre se encoge de hombros. La abuela responde con dureza:
¿Para qué quieres un padre así?
Pero Lucía sigue esperando.
No sabe que, en otra ciudad, hay otra niña, quizá de su misma edad, que también llama papá al suyo y espera sus regalos.
Lucía abraza a su conejo blanco y susurra:
Lola, tú eres una niña Tú lo entiendes, ¿verdad? Papá es sigue siendo el mejor.
Su padre deja de venir para siempre. Hasta que un día Lucía lo ve. Va con otra mujer, una niña de su edad y un niño pequeño. Ríen, van de la mano. Una familia de verdad.
Lucía quiere llamarlo, pero las palabras se ahogan en su garganta. Él ni siquiera la ve.
Esa noche no puede dormir. Las palabras de su abuela resuenan en su cabeza: que su padre tiene otra familia.
Y ahora lo entiende todo.
Al día siguiente, se acerca a su madre.
Mamá dice en voz baja. ¿Él tiene otra familia?
Su madre mira por la ventana, luego baja la cabeza.
Sí, cariño. La tiene. Siempre la tuvo.
¿Y nosotras qué somos?
Nosotras también fuimos su familia. Pero no la “oficial”.
Lucía mira por la venta







