Solo necesita un poco de tiempo

Escucha, esto es así. O me ayudáis a quitarle la patria potestad a Vicky, o me voy y os las apañáis solos.

¡Nati, por Dios! ¡Es tu hermana! ¡Y mi hija! la madre juntó las manos en un gesto dramático y luego se llevó una al pecho.

¿Y yo qué soy? ¿No soy tu hija? la voz de Nati tembló de rabia. A veces pienso que ni siquiera soy una persona para vosotros… ¿De verdad no veis lo que está pasando? Me he encariñado con Santi, lo quiero, y vosotros… O me ayudáis o lo hago sola. Pero no voy a permitir que esto siga así.

La madre bajó la mirada, avergonzada, dividida entre sus hijas. El padre seguía removiendo el cocido con la cuchara, cara larga. Nati, al verlo, se levantó y se encerró en su habitación.

Estaba claro. Sus padres no la habían elegido a ella. Ni siquiera a Santi.

Nati empezó a hacer la maleta. No tenía muchas cosas, pero cada prenda que doblaba le pesaba como una losa. Sabía que debía hacerlo, pero el corazón se le partía.

¿Cómo mantenerse firme cuando un niño pequeño se abraza a tus piernas, llorando?

Mamá, no te vayas… suplicó Santi, viendo cómo Nati guardaba sus cosas en una mochila.

Mamá. Esa palabra le clavó el alma otra vez. Nati respiró hondo, se arrodilló y le sonrió con tristeza.

No me voy de ti, Santi le susurró, abrazándolo. Me voy para que algún día todo vaya bien. Volveré. Para quedarme. Para siempre.

Santi lloraba sin entender por qué su tía, a quien consideraba su madre, lo abandonaba. Se aferró a su ropa con tal fuerza que Nati no pudo irse hasta que se durmió, agotado. Ya de madrugada, salió en puntillas a la calle.

En ese momento, Nati odió a Vicky. Era ella quien había condenado a todos a esta pesadilla.

…Vicky empezó a desmadrarse a los dieciséis. Primero llegaba tarde, luego se quedaba a dormir en casa de “amigas”. Todos sabían qué clase de amigas eran. Volvía tambaleándose, con el rímel corrido y el labial manchado. A veces llorando. Y sus padres la mimaban como si fuera de cristal: preguntas, consuelos, comprensión infinita.

El embarazo era cuestión de tiempo. A los diecisiete, Vicky se quedó embarazada. Ni siquiera sabía el apellido del padre. “Un tío de una fiesta”, eso fue todo.

Nació Santi. Vicky pronto entendió que ser madre no era lo suyo. Primero lo dejaba solo por las noches, luego desapareció del todo.

Soy joven. No quiero tirar mi vida por la borda le dijo a Nati por teléfono, cuando esta le exigió explicaciones.

Así que el “tirar la vida” le tocó a Nati. El abuelo apenas se interesaba por el niño; le compraba algún juguete, pero nada más. La abuela ayudaba, pero trabajaba y no tenía tiempo.

Nati tenía dieciocho. Se cambió a estudiar a distancia para cuidar del bebé. Desde entonces, fue su segunda madre. Literalmente, porque hasta lo bautizó ella.

Fue durísimo. Nati se levantaba de madrugada para darle el biberón, dormía a ratos, subía la pesada sillita por las escaleras del bloque y llegaba a los exámenes con los ojos rojos. Estudia

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