El hombre de mis sueños dejó a su mujer por mí, pero nunca imaginé cómo acabaría todo esto.

Begoña soñaba con el hombre que la perseguía entre los corredores de la Universidad Complutense, como una sombra que se desliza entre los libros de la biblioteca. Era un amor ciego, ingenuo, como aquel que se lanza al abismo sin mirar el fondo. Cuando Pablo, aquel estudiante de Ingeniería con la mirada perdida en los diagramas de circuitos, finalmente puso sus ojos sobre ella, Begoña sintió que su cabeza se convertía en humo y sus pies se desprendían del suelo. Todo ocurrió, para ser sincera, unos años después de que colgara su toga; ambos acabaron trabajando en la misma empresa de telecomunicaciones en la Gran Vía de Madrid, con la misma especialidad, algo que no resultaba del todo extraño, pero que a Begoña le parecía el guiño del destino.

Le parecía que él era el hombre que siempre había susurrado en sus noches de insomnio. En aquel entonces no le importaba que ya estuviera casado; nunca había contraído matrimonio y desconocía el crujir de una unión que se deshace. Por eso no sintió vergüenza cuando Pablo decidió abandonar a su esposa por ella. ¿Quién hubiera imaginado que esa decisión traería tanta pena? Como dice el refrán: no se construye la felicidad sobre la desgracia ajena.

Al escogerla, el corazón de Begoña voló al séptimo cielo y estaba dispuesta a perdonar cualquier sombra. Sin embargo, en la cotidianidad, él no era el príncipe de los cuentos que mostraba en la oficina. Los papeles de sus proyectos se amontonaban por todo el piso, y se negaba a tocar el fregadero; todas las tareas domésticas recaían sobre sus hombros, pero entonces le importaba poco.

Pronto olvidó su matrimonio anterior, que no había tenido hijos, pues fueron los suegros los que insistieron en el enlace. Con ella, prometía que todo sería distinto, como si la palabra diferente fuera un conjuro.

Su felicidad, sin embargo, se encogió cuando el milagro de la gestación llegó. Al principio, Pablo se mostró radiante, organizando una gran fiesta familiar en el patio de su edificio para celebrar la llegada del bebé. Todos brindaron con cava y desearon amor y salud al futuro niño. Esa noche quedó, aún en el sueño, como uno de sus recuerdos más luminosos, y no se arrepintió de ella. Pero a partir de ese instante, el amor ciego empezó a apagarse.

A medida que su vientre crecía, Pablo se hacía más escaso. Ella estaba de baja por maternidad y sólo se cruzaban al caer la noche, cuando él regresaba tardísimo de la oficina y de las interminables cenas de empresa. Al principio le parecía una simple rutina, pero pronto la cansancio la consumió. Las tareas domésticas se volvieron una montaña imposible de escalar, porque ya no podía simplemente agacharse para recoger sus calcetines esparcidos por el suelo.

En esos momentos, Begoña se preguntaba si no se habían apresurado con el hijo. Sabía que los sentimientos se desvanecen con el tiempo, pero no imaginaba que lo hicieran tan deprisa. Pablo seguía enviándole flores y bombones, pero ella sólo quería su presencia, su mano junto a la suya.

Entonces se hizo evidente que sus salidas no eran inocentes. Por casualidad, una colega comentó que una nueva empleada había llegado al departamento. La plantilla estaba ya escasa, y cuando Begoña se fue a la baja, la situación se volvió crítica. Qué ironía.

No estaba segura de que fuera ella, pero su marido, sin una sola hora libre, parecía estar siempre atrapado en reuniones, comités o cenas de empresa. Un día, encontró un trozo de papel en el bolsillo de su chaqueta con unas iniciales desconocidas. No sabía qué la impulsó a devolverlo, pero lo hizo, fingiendo que nada había pasado.

Era terrorífico estar sola en su séptimo mes de embarazo, mientras él se quejaba de que ella estaba demasiado nerviosa. Cada discusión terminaba con un suspiro de decepción de su parte. Un miedo profundo de perderlo la mantenía en silencio; como dice el refrán, el que mucho teme, a menudo lo ve cumplido.

A pesar de todos los halagos y atenciones elegantes de Pablo, nunca fue un caballero. Las palabras más crueles que escuchó fueron: «No estoy listo para ser padre» y «Tengo a alguien más». No recuerda con precisión cómo las dijo, pero en aquel instante sintió que la locura la abrazaba.

No creía que pudiera reunir la fuerza para pedir el divorcio. Pablo tampoco esperaba que ella pusiera límite a su comportamiento, ni que, al día siguiente, tirara todas sus pertenencias por la ventana. En ese momento, le agradeció que vivieran en un piso alquilado, pues al menos no tenían que compartirlo con nadie más.

¿Y el niño? le preguntó su madre, Carmen, mientras le servía una taza de café con leche.
Lo criaré. Trabajaré desde casa y mis padres siempre me han ofrecido su ayuda. Mi madre, José, me advirtió que él era un galán sin remedio; debí haberle hecho caso.

Fue quizás la responsabilidad hacia su futuro hijo la que le devolvió la confianza. Solo, jamás habría tenido el coraje de marcharse. Pero también comprendió que no quería criar a un niño con un padre como él. Su traición le resultó tan vil que decidió cortar todo vínculo, como si una niebla se despejara de sus ojos.

Los primeros meses tras el divorcio, incluida el parto, fueron un torbellino. Volvió a la casa de sus padres en Albacete, donde sus abuelos, Lorenzo y María, se regocijaron al ver al nuevo nieto. No quiere negar que extrañó a Pablo, pero trató de no pensar en él. En el fondo, estaba convencida de haber tomado la decisión correcta y de que podía ofrecer a su hijo todo lo necesario.

Y, como en un sueño que nunca termina, un día Pablo reapareció. Decía arrepentido, deseando conocer a su hijo. ¿Desea ella volver a encontrarlo? Tal vez sea momento de mudarse a otra ciudad, tal vez a Valencia, donde el mar pueda lavar los recuerdos rotos y abrir una nueva página.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

two × two =

El hombre de mis sueños dejó a su mujer por mí, pero nunca imaginé cómo acabaría todo esto.
Un exitoso empresario visita la tumba de su hijo… y vive un encuentro devastador que lo cambiará todo