¡Hasta aquí hemos llegado, no puedo más! Me piro. ¿Por cuánto tiempo? La niña, siempre hecha polvo, clama auxilio, pide socorro… pero yo solo sueño con pasear como antes.
Anhelo cercanía. Trabajo sin parar. Quisiera llegar a mi esposa, a mi mujer… ahora me quedaré en casa de un colega, luego buscaré una chica… ay… sentado al volante, reflexiono sobre cómo hoy se acabó mi relación con mi esposa, fumo nervioso.
Nuestra historia es más antigua que el jamón de bellota. Nos conocimos, nos enamoramos sin remedio, pasión desbordada, nos olvidamos de cuidarnos, y pronto ella apareció con el test de embarazo.
Por supuesto, adelante, lo lograremos aseguré con convicción, y todos los padres y abuelos asentían, prometiendo apoyo, pidiendo nietos…
Después vino la boda, la espera, lágrimas de alegría ¡una hija! Y ahí se acabó la vida despreocupada; mi esposa se convirtió en una madre gallina: siempre agotada, despeinada, la niña llorando sin parar, incluso de noche, y sus eternos ayúdame, ayúdame…
¿Dónde quedó mi chica? Los familiares se esfumaron… nos quedamos solos ante la paternidad…
¡No estoy preparado! le grité hoy a mi esposa, cerrando la puerta en su cara mientras sostenía a la niña.
Chirrido de frenos… una figura encorvada apareció de repente ante el coche.
¿Te has cansado de vivir? salté del coche y me acerqué a la silueta.
Un hombre con gabardina, erguido, me miró con ojos tristes y susurró:
Sí.
No esperaba esa respuesta y me quedé de piedra:
Padre, ¿necesitas ayuda? ¿Te echo una mano?
Ya no quiero seguir viviendo.
Venga, no digas eso, te llevo a casa, me cuentas y quizá pueda ayudarte le tomé la mano y lo guié con cuidado al coche.
Cuéntame, padre inhalé el humo del cigarro.
Es una historia larga.
No tengo prisa.
El anciano me observó con atención, luego miró la foto colgada arriba.
Hace cincuenta años conocí a una muchacha, me enamoré al instante, todo fue rápido, sin darnos cuenta ya teníamos familia, hija, heredera… parecía la felicidad.
Pero yo quería que todo siguiera igual, amor, pasión, juventud. Mi esposa estaba agotada, la niña pequeña, la rutina, el trabajo, le dejé toda la carga, no ayudé…
En el trabajo conocí a otra mujer, nos liamos… mi esposa se enteró, divorcio y todo terminó. Nos separamos. Con la otra no funcionó, me dio igual, salí a divertirme.
Ella se casó de nuevo, se puso más guapa, la hija llamaba papá al padrastro, y a mí me daba igual.
¿Y tú? pregunté, encendiendo otro cigarro.
Yo… me quedé solo, sin familia, sin esposa, sin hijos. Hoy mi hija cumple cincuenta, fui a felicitarla, no me dejó entrar lloró el anciano , fue mi culpa. Me dijo: No eres mi padre, sigue tu camino.
¿Dónde te llevo, padre? tamborileé los dedos en el volante.
Vivo aquí cerca, no te preocupes por mí… bajó del coche y se dirigió al bloque de pisos junto a la carretera.
Me aseguré de que entrara al portal, esperé un momento y arranqué el coche. Paré en el supermercado y compré flores.
Perdóname, perdóname al llegar a casa, me arrodillé ante mi esposa que lloraba descansa, amor.
Tomé a mi hija en brazos, la llevé a otra habitación, la acuné y empecé a cantar con voz ronca: Gatita gris, gatita blanca….
La niña, sorprendida, se durmió enseguida, apoyando su mano confiada sobre mi corazón acelerado. La miré con ternura: Quiero ver crecer a mi hija, quiero escucharle decir papá…
¿Otra vez rescatando náufragos? me recibió sonriente la anciana en la puerta de su marido. Él, sonriendo, colgó la gabardina.
Sí, rescatando, hay que enseñar grandes verdades a los jóvenes.
¿Y cómo sabes quién necesita ayuda?
Yo mismo la necesité a esta edad.
Ven a cenar, salvador, por cierto, recuerda que mañana es el aniversario de nuestra hija, nada de náufragos por la noche dijo ella con cariño.
No lo olvido, son cincuenta años de nuestra heredera, de nuestro amor, ¿cómo olvidarlo? abrazando a su esposa, el anciano fue con ella a la cocina, sonriendo…
Así transcurrió esta historia tan increíble. Créetelo o no, tú decides. Escribe en los comentarios qué te parece. Dale a me gusta.






