Ha venido mi amiga de la infancia. Nunca quiso tener hijos, decidió no ser madre y vivir para sí misma

Ha venido una amiga de mi infancia. Nunca tuvo hijos. Decidió no tenerlos, quería vivir para sí misma.

Hoy me he reunido con mi amiga de la niñez. Tiene 60 años, igual que yo. Cuando terminamos la universidad, no tardó nada en hacer las maletas y marcharse de nuestro pueblo. Durante un tiempo seguimos escribiéndonos cartas, pero después la comunicación se rompió.

Me enteré solo por conocidos en común de que mi amiga no paraba quieta: viajaba, cambiaba de ciudad, también de pareja. Con cincuenta años ya llevaba tres matrimonios y se divorció del último también. Nunca tuvo hijos. No entendía del todo el motivo. Al fin y al cabo, la mayoría de las mujeres al menos acaban teniendo un hijo. Si no funcionaba con un hombre, pues por lo menos queda el consuelo de tener un hijo y, más adelante, cuidar de los nietos.

Y así, ha vuelto a nuestro pequeño pueblo. Necesitaba vender las pocas cosas que le quedaban. Antes había estado alquilando el piso.

Nos hemos visto y hemos estado charlando. Yo le contaba sobre mi vida, ella sobre la suya. Y al final, no pude evitar preguntarle:

Chica, ¿por qué tu vida tomó ese rumbo? ¿Por qué no tuviste hijos? Al menos para ti misma. Para que alguien te alcance un vaso de agua cuando seas mayor, ¿no?

Ella se rió en mi cara y me respondió:

¿Un vaso de agua? ¿Tus hijos te van a traer algo cuando seas mayor? Los hijos ya no se ocupan de sus padres. Es mucho mejor ahorrar toda la vida y poder contratar una buena asistenta que tener que mendigar o cargar a los hijos con el peso de cuidarte.

Yo no tuve hijos porque no quise. No me apetece estar siempre pendiente de alguien, cuidar de otro, preocuparme o estar dando dinero. Decidí dedicar mi vida a mí misma. Quería viajar, ver mundo, ganar mi propio dinero. Mis maridos me dejaron precisamente porque no quise ser madre.

Hoy sigo viviendo para mi propio placer. No tengo que cuidar nietos ni gastar mi pensión manteniendo hijos incapaces de valerse por sí solos.

Por eso no me arrepiento de nada. Al contrario, me da pena por aquellas personas que tuvieron familias numerosas y ahora se encuentran solas. Y encima se enfadan con los hijos porque se han ido fuera o se han olvidado de ellos. Yo esos problemas no los tengo.
Esa es mi opinión.

Escuché a mi amiga y comprendí que tiene razón. ¿Para qué tener hijos o preocuparse si realmente no lo deseas? ¿Para qué albergar la esperanza de que en la vejez, ellos te cuiden, si quizá nunca ocurra?

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Cuando el rugido del motor Mercedes se perdió entre los árboles, el silencio cayó sobre mí como una manta gruesa