Eres el hermano mayor, así que debes ayudar a tu hermana pequeña. Tienes dos pisos, ¡dale uno a tu hermana!
Hace poco celebramos el cumpleaños de mi cuñada. Pilar jamás me ha tenido simpatía, y yo tampoco la he tenido por ella, para qué engañarnos. A la fiesta vinieron todos los familiares: desde los abuelos y sobrinos hasta la propia homenajeada. Era digno de ver cómo todos sentían el deber de felicitar a mi marido por el cumpleaños de su hermana y, de paso, alababan su generosidad como si fuera San Martín con la capa.
Nos quedamos mi marido y yo recogiendo las felicitaciones sin entender nada. Teníamos entre manos un sobre con un regalo de ciento veinte euros. Pensé que, para el evento, el obsequio estaba más que apañado, aunque tampoco para escribirle un canto heroico. Todo quedó claro cuando mi suegra se acercó con su ronda de felicitaciones a la cumpleañera.
Luis, tu hermana cumple años hoy. Sigue sola, sin pareja, y como hermano mayor te toca cuidarla y asegurarle una buena vida. Ahora que eres dueño de dos pisos, uno se lo regalas a Pilar.
La sala estalló en aplausos. Yo casi me caigo de la silla, porque esta gente tiene más cara que espalda. Pero lo mejor es que la cosa no quedó ahí.
¡Hermanito, me lo das en el piso nuevo! Oye, ¿cuándo puedo mudarme? Pilar estaba convencida.
Decidí poner las cartas sobre la mesa: mi marido y yo, sí, tenemos dos pisos. Uno que heredé de mi abuela, le hicimos cuatro arreglos y lo alquilamos. El dinero del alquiler lo usamos para pagar la hipoteca del piso nuevo, donde vivimos. Mi marido no tiene ningún derecho sobre el piso heredado; lo tengo reservado para nuestra hijala idea de dárselo a la cuñada ni me pasa por la cabeza.
Olvídatele dije, el piso que alquilamos es mío, y en el que sueñas vivimos nosotros.
Hija, estás muy equivocadaintervino mi suegra, tú eres esposa de mi hijo, así que todo lo vuestro es común y debe gestionarlo Luis.
A mí no me importa que ayudéis a Pilar, pero sin tocar lo que es mío. Luis, ¿tienes algo que decir?
Cariño, tú y yo seguro que ganamos más dinero y compramos otro piso, así que este se lo regalamos a Pilar, hoy es su día.
¿Pero tú hablas en serio? le espeté Si tanto lo quieres, le puedes dar tu parte del piso pagado a medias, pero después de divorciarnos.
¿No te da vergüenza hablarle así a tu marido? Si quieres divorcio, lo tienes. Luis, hijo, yo creo que deberías hacer la maleta y volver a casa, y tú, eres una arpía egoístame soltó la madre de Luis, digna de cinco emisiones de telenovela.
Después de eso, salí pitando de aquel manicomio, porque una cosa tengo clara: no pienso quedarme entre quienes creen que pueden organizar mi vida y repartir mi herencia como si fuese una tortilla española.







