Los vecinos decidieron dejarnos claro quién manda en la finca… ¡Y sin motivo alguno!

Los vecinos decidieron dejar claro quién mandaba en la finca. Y lo hicieron, además, sin ningún motivo.

Esto sucedió hace cinco años. Ya por entonces, mi marido y yo teníamos dos hijos y toda nuestra familia vivía apretada en una pequeña habitación individual. Era evidente que para nosotros la necesidad de ampliar el espacio era urgente, aunque todo quedaba en conversaciones y sueños de momento.

Sin embargo, cuando supimos que íbamos a tener nuestro tercer hijo, nos vimos obligados a buscar una vivienda más grande. La única opción era vender el piso pequeño que teníamos y añadir algunos ahorros; con suerte, podríamos comprar un piso de tres habitaciones, aunque fuera en las afueras de Madrid.

Así lo hicimos. Tras vender aquel piso diminuto, conseguimos al fin ese ansiado piso de tres dormitorios en un edificio antiguo del barrio de Carabanchel. Lo mejor es que el piso ya estaba perfectamente reformado, así que sólo tuvimos que llevar nuestros muebles.

Durante un tiempo fuimos realmente felices, pero esa felicidad se vio empañada por un conflicto inesperado: los vecinos de los pisos superiores se aliaron entre sí y se empeñaron en hacernos ver que quienes mandaban en la comunidad eran ellos.

No dejaban de molestarnos y quejarse.

¿Por qué estaban tanto rato abiertas las puertas del portal?
Teníamos que meter muebles y era normal que estuviesen abiertas un rato.

¿Por qué dejas tu coche bajo mis ventanas?
Dejo el coche bajo MIS ventanas, que vivo en el primero, tus ventanas están justo arriba, ¿qué culpa tengo yo?

La siguiente queja ya acabó con mi paciencia:
Tus hijos, cuando vuelven de la guardería, corren como locos. ¡Me molestan! Y además, les pones dibujos.
Pero, si vives encima de nosotros, ¿cómo van a molestarte los niños?

La gota que colmó el vaso llegó cuando mis vecinas decidieron montar una bronca con mi mujer, embarazada de ocho meses. Acudieron por la tarde, justo cuando mi esposa estaba sola en casa, y empezaron a gritar y a protestar:

Venimos a hablar
¿De qué se trata?
Tu marido, al salir a fumar, metió a un hombre que iba puerta por puerta ofreciendo copias de llaves del portal.
Mi marido no fuma (y, de hecho, ni fuma ni ha fumado nunca). Añadieron además: si ese hombre hace copias, cualquiera podrá entrar cuando quiera.

Cuando regresé a casa y supe lo que había ocurrido, subí a casa de las vecinas y, sin muchos rodeos, les dejé claro que no toleraría más ese tipo de comportamientos.

Después de ese día, la convivencia se volvió al menos tranquila, aunque los saludos desaparecieron y ahora apenas cruzamos una palabra.

A veces la vida en comunidad puede ser complicada, y es fácil dejarse llevar por discusiones absurdas. Pero aprendí que, poniendo límites con educación, logramos al menos vivir en paz. Porque, al fin y al cabo, todos buscamos nuestro espacio y merecemos respeto, aunque nuestras historias tengan distintos protagonistas y acentos.

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