Javier, no te entiendo. ¿Te has vuelto loco? ¿Qué significa eso de “me voy”?
Lo que has oído. Tengo una amante desde hace tiempo. ¡Es 16 años más joven que yo! He decidido que con ella estaré mejor.
¡Pero si podría ser tu hija!
Nada de eso, ya tiene 20.
Javier se acerca a ella.
Además, el padre de Valeria es muy rico. ¡Por fin podré vivir como siempre he soñado! ¿Entiendes? Y luego me dará un hijo, cosa que tú nunca pudiste.
Cada palabra suya resuena como un golpe en el pecho de Carmen. Sabía que tarde o temprano podría pasar. Nunca tuvieron hijos.
Pero jamás pensó que llegaría de un modo tan cruel e indigno.
Llevan casi quince años juntos. Han pasado por todo, como todas las parejas. Pero Carmen siempre pensó que el respeto era la base de cualquier familia.
Carmen, al menos podías llorar por educación, que me haces sentir incómodo.
Ella levanta la cabeza con orgullo.
¿Llorar? ¡Estoy encantada por ti! De verdad, me alegra que al menos uno cumpla sus sueños.
Él tuerce el gesto.
Siempre tienes que sacar el tema de tus pinceles… Eso no es un trabajo, ni siquiera nada serio.
Bueno, es un hobby. Pero si yo trabajara menos y tú ganaras más, igual podría dedicarme a lo que me gusta.
Ay, por favor. ¿A qué vas a dedicarte? Si no puedes tener hijos, pues trabaja y ya.
Carmen observa a Javier, que intenta cerrar la maleta.
¿Y tu nueva… pasión? Ella tampoco va a trabajar. ¿De qué vais a vivir? Porque tú tampoco eres muy trabajador…
Eso ya no es asunto tuyo. Pero ya que estoy de buen humor, te lo diré. Solo tendremos que vivir con nuestro dinero un tiempo muy corto.
Cuando Valeria esté embarazada, su padre nos va a llover euros encima. Incluso antes, no te preocupes, nos sobrará.
Por fin logra cerrar la maleta y sale dando un portazo. Carmen se estremece; nunca ha soportado los ruidos fuertes. Se queda mirando por la ventana.
Un coche rojo brillante aparca cerca del portal. Una chica joven sale disparada y abraza a Javier.
Todas las vecinas del bloque contemplan la escena. Menuda vergüenza, ni siquiera ha tenido la decencia de irse en silencio.
Esta vez, Carmen siente alivio. Su vida con Javier se ha convertido en una farsa.
Javier apenas dormía en casa. Carmen lo sabía, pero no encontraba el valor para romper ese lazo al que llamaban familia.
Coge el móvil.
Rita, hola. ¿Tienes planes para esta noche?
Su amiga responde sorprendida.
¿Pero tú? ¿Saldrás hoy? ¿Se te ha pasado la depresión?
Ya basta… Nunca tuve depresión, solo era desgana. ¿Por qué no nos tomamos algo fuera? Hay motivos para celebrar.
Rita guarda silencio y luego pregunta con cautela:
Carmen, ¿estás bien? ¿Te has tomado alguna pastilla hoy? ¿Estás con fiebre?
¡Rita, deja de decir tonterías!
Pues si vas en serio, yo encantada. Ya era hora de ver otra cara que no fuera la de amargada. Solo que…
¿Qué pasa? ¿No puedes?
No es eso. ¿Y tu Javi, te va a dejar salir? ¿Quién le va a llevar la cena al sofá y limpiarle los mocos?
Rita, a las siete en El Diamante.
Carmen cuelga. Un día de estos va a matar a su amiga. Y será pronto.
Se ríe para sí misma. Se lo ha querido cargar desde que se conocieron, pero eso nunca ha afectado su amistad. Carmen agarra el bolso y sale. Ya es mediodía y aún tiene mucho que hacer.
Rita mira nerviosa el reloj. Carmen nunca llega tarde, pero hoy lleva cinco minutos.
Entonces entra en el restaurante y todos se quedan boquiabiertos, Rita incluida.
Carmen siempre llevaba el pelo largo recogido en moño. Ahora luce una melena corta y clara.
Jamás usaba maquillaje, solo rímel y crema hidratante. Ahora lleva un maquillaje luminoso y perfecto.
Siempre iba en pantalones; esta vez viste un vestido suelto que revela más de su cuerpo que los vaqueros más ajustados.
Carmen, madre mía…
Carmen deja el bolso en la silla y se sienta triunfante.
¿Te gusta?
¡Claro! Pareces diez años más joven. No me digas que has echado a Javier.
No lo digo. Se ha ido él.
Las dos se miran y luego sueltan una carcajada.
Después de media hora, un camarero les trae unas copas de un hombre sentado cerca. Es cinco años mayor, tal vez.
Rita mira a Carmen con picardía:
¿Ves? Ya tienes admiradores.
Carmen sonríe y le hace un gesto al hombre para que se una. Rita la mira alucinada.
¡Así me gustas hoy!
Se quedan hasta tarde. Se llama Ignacio. Es simpático, divertido, interesante… y muy atractivo.
Después de dejar a Rita en un taxi, Ignacio se ofrece a acompañar a Carmen.
No me importa cruzar todo Madrid andando si hace falta. Tengo coche, pero tal y como estamos, mejor no conducir.
No hace falta, vivo a un par de manzanas de aquí.
Llegan a su portal ya de día. Han paseado, han hablado de todo.
Carmen, ni siquiera te he preguntado, ¿celebrabais algo hoy? ¿Es tu cumpleaños? Porque te debo un regalo.
No O bueno, depende de cómo se mire. Ayer mi marido me dejó.
Carmen le sonríe con todo el brillo de sus ojos. Ignacio la observa, intrigado.
Vaya, Carmen… sí que sabes sorprender.
Tres semanas más tarde, Carmen y Rita siguen tomando café juntas.
Carmen, ¿qué tal eso con Ignacio?
Ella sonríe, radiante.
Rita, creo que no he sido nunca tan feliz. No le oculto nada y siempre sabe cómo quitarme las preocupaciones.
¿Pero algo te preocupa?
Bueno, Javier no para de molestar. Me invitó a su boda.
¡Vaya! ¿Y eso?
Supongo que quiere ver a una exmujer hecha polvo o restregárselo a la nueva esposa.
Qué imbécil Carmen, llévate a Ignacio. Vais, saludáis y os marcháis. ¡Que vea quién está mejor!
Javier mira a Valeria.
Estás preciosa.
Ya lo sé. ¿Crees que vendrá mi padre?
Hombre, es tu padre
Padre dice Llevo un año sin ver un euro de él, solo quiere que aprenda a trabajar. ¡Vaya padre!
Javier la abraza.
No te preocupes, vendrá, eres su hija.
Han pagado la boda a plazos, esperando que el padre de Valeria perdone a su niña y vuelva a abrir el grifo del dinero.
¿Y crees que vendrá la tuya? pregunta Valeria.
¡Claro! Ayer me llamó.
No me lo creo.
¡Te lo juro! Seguro quiere pedirme que vuelva.
Seguro, menuda escenita nos espera.
Carmen le explica a Ignacio lo que espera de él y él se sorprende.
¿A qué hora es la boda?
A las dos. ¿Tienes algo?
¿Cómo dices que se llama tu ex?
Javier. ¿Por?
Ay, Carmen. Qué vueltas da la vida Claro que iré contigo.
Camino al convite Ignacio le explica todo a Carmen y ella, de la sorpresa, ni protesta.
Caminan por el pasillo hasta la mesa de los novios. Carmen, cogida del brazo de Ignacio, sonríe orgullosa.
Javier y Valeria parecen cualquier cosa menos felices. Se acercan.
Valeria susurra:
¿Papá?
Y Javier solo dice:
¿Carmen?
Ni la reconoce al momento. Jamás imaginó verla así.
Ignacio entrega un ramo y un sobre a Valeria y dice:
Está muy bien que te cases y construyas tu vida. Porque nosotros, Carmen y yo, vamos a recorrer el mundo juntos.
Se vuelve a Javier:
Supongo que entiende que su exsuegra también necesita vacaciones. Así que le dejo mi hija en sus manos. Que sean muy felices, pero ya nos vamos.
Salen del restaurante. Carmen tiene ganas de reír, no sabe si Ignacio reaccionará bien. Pero él se vuelve y le dice:
Ahora tendrás que casarte conmigo.
Carmen lo mira, se lo piensa, y responde seria:
Bueno, si hay que hacerlo
Y cogidos del brazo, van en busca del coche. Ignacio ya está pidiendo billetes a algún lugar cálido y con mar.







