Jamás me habría imaginado que Clara, tan cariñosa y entregada, me dejaría sin nada tras el divorcio: ¿acaso se puede vivir con alguien a quien no amas? Mi historia de amor, desamor y engaño en Madrid

Jamás levantaba la voz, jamás me reclamaba nada; todo en su modo era suave y tierno, como una caricia que se disuelve en la bruma.
Pero el hueco persistía: el amor no moraba en mi pecho, por mucho que buscara señales.
Cada amanecer era una huida a medias, entre sábanas frías y ventanas que daban a tejados dorados bajo el cielo extraño de Madrid.
Quería escaparme, desaparecer y quizá encontrar a una mujer a la que pudiera, por fin, amar sin reservas, aunque el destino rara vez respeta nuestros susurros y siempre prefiere reírse en un espejo roto.
Con Jimena todo era orden, rutina y una belleza tan sutil que parecía inventada por Velázquez.
La casa siempre olía a jabón y granadas, y mis amigos del barrio de La Latina me miraban con incredulidad, preguntándose cómo había conseguido una esposa tan luminosa, tan fuera de mi alcance.
Ni yo mismo lo comprendía.
No era más que Javier, un tipo cualquiera sin duende, ni hazañas, ni grandes lances y sin embargo ella me regalaba ternura, como si yo fuera la Alhambra y ella la brisa del Albaicín.
¿Por qué?
¿Por qué su devoción y su abrazo me pesaban tanto?
No me martirizaban sus críticas, sino la idea de que, al irme, otro ocuparía mi sitio.
¿Qué haría yo si un abogado de la Castellana la hacía reír, si un poeta de Malasaña la desvelaba por las noches?
El corazón me daba vueltas como una noria de feria.
Sentía que era mía, aunque jamás la había amado; ese vértigo de posesión, más irracional que los sueños.
¿Se puede vivir años a la sombra de alguien que no despierta tu amor?
Me convencí de que sí, pero la mentira se desmoronó una mañana azul entre churros con chocolate.
Mañana se lo diré prometí al techo, flotando ya en ese estado entre la vigilia y el olvido.
Al alba, en el desayuno, respiré hondo y hablé.
Jimena, ¿puedes sentarte?
Hay algo que necesito contarte.
Claro, Javier, dime respondió ella, tan estable como la piedra.
Imagínate que nos separamos.
Me voy, tú sigues con tu vida
Jimena soltó una risa leve, irreal:
¿Qué dices?
¿Es una pesadilla?
¿Te has comido una seta mágica?
Escucha, por favor.
Hablo en serio.
Vale, lo imagino.
¿Y después?
Responde sincera: ¿conocerías a otro si me marcho?
¿Pero tú qué tienes en la cabeza, Javier?
¿Por qué piensas en marcharte?
Porque no te amo, Jimena.
Nunca te he amado.
Un silencio frío, como si la Gran Vía quedara congelada, después ella murmuró:
¿Una broma?
No entiendo nada.
Necesito irme, pero solo pensar en que estarás en otros brazos me arde la sangre.
Jimena miró largo rato al azulejo, luego dijo suavemente:
No habrá nadie mejor que tú, así que puedes estar tranquilo.
Márchate.
No buscaré a nadie más.
¿Me lo juras?
Claro susurró, con una sonrisa lejana.
Pero ¿dónde se supone que tengo que ir?
¿No tienes adónde ir, Javier?
No.
Llevamos juntos desde siempre, y no sé estar lejos de tu sombra.
Seguramente tenga que quedarme cerca dije, como quien se despide de un tranvía fantasma.
No te preocupes repuso Jimena.
Tras el divorcio, cambiamos esta casa en Chamberí por dos pisos pequeños.
¿De veras?
No pensaba que me ayudarías así.
¿Por qué lo haces?
Porque te amo.
No se puede retener a quien no quiere quedarse.
Pasaron los meses y firmamos ante notario en la Plaza de Castilla.
Pronto me enteré de que Jimena no mantuvo su palabra.
Conoció a otro hombre y los pisos, heredados de su abuela en Salamanca, jamás pensó compartirlos.
Me quedé solo, sin cuartos, sin sombra.
Ahora, cuando paseo por el Retiro bajo la lluvia, no sé si volveré a creer en las mujeres.
¿Quién puede saberlo?
¿Qué pensáis del proceder de Javier?

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

14 + 18 =

Jamás me habría imaginado que Clara, tan cariñosa y entregada, me dejaría sin nada tras el divorcio: ¿acaso se puede vivir con alguien a quien no amas? Mi historia de amor, desamor y engaño en Madrid
Tras el segundo ictus, los médicos dijeron que no había esperanza y que Marek jamás volvería a levan…