Nuestra hija, Carmen, se casó hace poco con un chico, Javier, que aunque no viene de una familia adinerada, es sensato y tiene buen corazón. Mi marido, Antonio, y yo no estábamos tampoco desbordados de alegría al principio, pero respetamos su decisión.
Con motivo de la boda, Antonio le regaló a Carmen un piso precioso en el centro de Madrid, para que la pareja no tuviese que vivir de alquiler. Ese detalle les encantó, sobre todo a los padres de Javier.
Cada vez que venían de visita, la madre de Javier, Teresa, no paraba de alabar el piso. Sin embargo, Carmen empezó a quejarse de que su suegra estaba en casa constantemente y que apenas podía hablar con sus amigas en privado. Hace poco, Teresa le insinuó a Carmen que deberían empadronar a toda la familia en el piso, para que ella pudiera dejar el suyo, venderlo y con ese dinero comprar entre todos un piso más grande. Por supuesto, el nuevo piso sería compartido, no sólo de Carmen y Javier, porque según Teresa, todo en la familia debe compartirse.
Carmen, incómoda, rechazó amablemente esta propuesta absurda. Sin embargo, Teresa no cejó en su empeño; al principio llamaba casi cada día, rogando y suplicando, pero luego cambió de tono y empezó a presionarla e incluso a montar numeritos. Le reprochaba a Carmen que no quisiera a Javier, que si seguía así acabarían divorciándose y ella perdería el piso. Ni siquiera escuchaba a su propio hijo, que intentaba calmarla.
Antonio y yo decidimos no intervenir al principio, dejando que los jóvenes solucionaran sus propios asuntos. Pero cuando Carmen comenzó a llamarnos llorando, se nos desgarró el alma y supimos que había llegado el momento de actuar.
Antonio, serio y contundente, se plantó en casa de Teresa y le advirtió que dejara a nuestra hija en paz, amenazando incluso con denunciar la situación a la policía si seguía con el acoso. Teresa, al verse acorralada, bajó el tono enseguida y juró que la habíamos malinterpretado, que sólo buscaba lo mejor para los chicos.
Desde ese día, Carmen volvió a sonreír y por fin pudo disfrutar en paz de su matrimonio.







