Os cuento por qué no quiero dejar a mis hijas al cuidado de sus abuelas: Soy madre a tiempo completo en España, tengo 31 años y dos pequeñas de 3 y 1 año, ellas me han ayudado poco y a veces han sido más un obstáculo que una ayuda – mi experiencia personal con la crianza y las abuelas españolas.

Me llamo Carmen Rodríguez, tengo 31 años y soy madre a tiempo completo de dos hijas, Lucía que tiene 3 años y Sofía de apenas 1 año. Elegí quedarme en casa y dedicarme por completo a su crianza, una decisión muy meditada por mi parte.

Cuando nació mi primera hija, pensé – ingenuamente – que tanto mi madre como mi suegra estarían dispuestas a ayudarme en los primeros meses. Me parecía lo normal, casi una tradición, que las abuelas se volcaran en los nietos. Pero, para mi sorpresa, su ayuda fue más bien un obstáculo. Me vi obligada a apañármelas sola desde el principio.

Recuerdo esos primeros días tras volver del hospital como una época desconcertante. Me sentía perdida, no sabía por dónde empezar con el cuidado del bebé. Lo que ahora me parece básico y natural, entonces me desbordaba y llenaba la casa de tensión y preguntas sin respuesta. Por supuesto, nadie nace sabiendo, y la experiencia tampoco se hereda solamente por ser madre o abuela.

Creía, no sé por qué, que las abuelas lo sabrían todo: cómo bañar a un bebé, cambiar pañales, qué darle de comer o cómo cortarle las uñas. Pero pronto comprobé que no solo tenían opiniones muy diferentes entre sí, sino que algunas eran completamente opuestas a lo que aconsejan hoy en día. Me tocó buscar mi propia manera.

A día de hoy puedo presumir de cambiar pañales con destreza, tranquilizar llantos y hasta administrar medicamentos si hace falta. Pero es cierto que guardo mucho respeto y agradecimiento para ambas abuelas, y a la vez hay detalles que no dejan de hacerme sonreír:

Abuela 1 (mi suegra María):

Tienes que rezar sobre el agua antes de que la beba la niña, sólo esa le vendrá bien.
A los seis meses, compré un filtro para no darle excusas
Insiste en que solo jabón de Castilla auténtico para bañar a las niñas. Y si tienen irritaciones, también el mismo jabón.
Los resfriados frecuentas son culpa de criar a las niñas mal.
Sugiere llevar a Sofía a una curandera si no se le pasa el llanto.

Abuela 2 (mi madre Aurora):

Si llora, ya se le pasará, no es grave. Fiebre, una pastilla y arreando.
Siempre protesta por la cantidad de juguetes que tienen las niñas. Dice que deberían aprender a conformarse con menos.
Se ofrece a cuidar de las nietas los sábados, pero sólo de 13:00 a 16:00, porque luego tiene cine con las amigas. Así, cada semana.
Cree que el dulce y lo salado pueden darse desde los 6 meses, si lo pide la niña, que pruebe de todo.

Quiero mucho a mi madre, pero hoy en día me surgen dudas sobre cómo nos crió: cómo me alimentaban, cuándo me daban medicinas o cómo, a menudo, nos dejaban a cargo de la abuela toda la semana, comiendo pasta y platos cargados de grasa. De pequeña, mi tos pasó varias veces desapercibida y acabé con una tos ferina. Ahora entiendo de dónde vienen algunos problemas digestivos y el sufrimiento innecesario de mi cuerpo cuando era niña.

En definitiva: aprecio de corazón a nuestras abuelas, pero jamás podría dejar a mis hijas en sus manos sin supervisión durante mucho tiempo. No se trata de paranoia, sino de deseo de cuidar a mis hijas como creo mejor. Aprendí que la experiencia suma, pero el compromiso y el amor consciente, los del presente, son los que realmente forjan a las personas del mañana. Con cariño, autonomía y sentido común se educa mejor; la tradición puede ser guía, pero nunca un dogma.

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Os cuento por qué no quiero dejar a mis hijas al cuidado de sus abuelas: Soy madre a tiempo completo en España, tengo 31 años y dos pequeñas de 3 y 1 año, ellas me han ayudado poco y a veces han sido más un obstáculo que una ayuda – mi experiencia personal con la crianza y las abuelas españolas.
Inocente sin culpa