Tenía grandes esperanzas de que mi madre se jubilara, se mudara al pueblo y nos dejara a mí y a mi marido su piso de tres habitaciones, ¡pero ahora ha decidido alquilarlo y marcharse de viaje!

Tenía muchísima ilusión pensando que mi madre se iba a jubilar, que se mudaría a una casita en el pueblo, y que nos dejaría a mí y a mi marido su piso de tres habitaciones en Madrid.

Quería contarte lo que pasó con mi vecina, Pilar. Ahora tiene 68 años y vivía sola en su piso amplio, con tres habitaciones cerca de Chamberí. Pues resulta que, hace poquito, Pilar decidió alquilar su piso y se fue de viaje.

Su hija, Marisol, vino a contarme sus penas:
¿Pero qué hace mi madre? Me ha decepcionado un montón. Ahora mi suegra no para de gritar, diciendo que yo también me voy a volver loca cuando sea mayor, que de tal palo, tal astilla. Encima, mi marido y yo acabamos de pedir un préstamo para el coche, y llevamos dos mensualidades atrasadas. Pensábamos que mi madre nos iba a ayudar. Pero va y me deja tirada: alquila el piso y se larga de viaje…

Yo me quedé a cuadros, ¿por qué tiene que pagar su madre el préstamo del coche? Mientras tanto, Marisol seguía soltando:
Mi suegra está súper enfadada porque seguimos viviendo en su casa, mientras que mi madre, en vez de echarnos una mano, alquila su piso y se va de viaje.

Se notaba que Marisol buscaba mi compasión. Pero yo, sinceramente, pienso que Pilar ha hecho lo correcto. Tiene todo el derecho del mundo a vivir la vida como le apetezca. ¿Por qué pensamos que, cuando una mujer se jubila, tiene que dedicarse por completo a sus hijos y nietos? ¡No lo veo justo! Así que le pregunté:
¿Por qué no confías en ti misma y en tu marido? ¿Por qué en vez de esperar que te lo den todo hecho, no has ahorrado durante estos 15 años de matrimonio para poder compraros una casa y así no vivir con tu suegra? Entonces nadie te podría echar nada en cara.

Marisol me confesó:
Teníamos la esperanza de que, cuando mi madre se jubilara, se mudara a un chalet en Segovia y nos dejara el piso grande a nosotros…

Entonces me dio por hacer una broma y solté:
¿Y si Pilar se enamora y se casa? ¡Mira, tengo una amiga que se fue de vacaciones a Grecia, conoció a un hombre allí y ahora es la mar de feliz viviendo en Atenas! A lo mejor tu madre termina igual…

Te juro que Marisol me miró como si estuviera loca. Yo, en cambio, había visto las fotos de Pilar hace poco en Instagram. Nos mostró que se lo estaba pasando pipa, descansando, disfrutando, viviendo la vida. Y me alegré muchísimo por ella. Creo de verdad que hizo lo que debía. La edad no es un obstáculo para ser feliz ni para probar cosas nuevas y vivir nuevas aventuras.

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Tenía grandes esperanzas de que mi madre se jubilara, se mudara al pueblo y nos dejara a mí y a mi marido su piso de tres habitaciones, ¡pero ahora ha decidido alquilarlo y marcharse de viaje!
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