No tienes ni gota de conciencia. ¿No ves lo mal que lo está pasando Mateo? Es tu hermano, podrías haberle ayudado. Siempre piensas solo en ti misma.
Hace poco, mi madre me llamó y me pidió que recogiera todas mis cosas de su piso en Salamanca.
Aquí ya no queda sitio para movernos entre tus trastos me dijo.
Aquella charla fue tras haberme negado a darle dinero a mi hermano, Mateo, para la entrada de un piso. Sí, darle, y no prestarle, porque sé de sobra que jamás me lo devolvería.
Después de mi negativa, Mateo salió de mi apartamento enfadado. Estaba convencido de que simplemente le cedería todos mis ahorros, solo porque él tiene familia e hijos y yo aún no.
Necesito desahogarme porque siento que mi familia es tremendamente injusta conmigo, sobre todo ahora que se acercan las fiestas navideñas.
Cuando me mudé a Madrid a estudiar, empecé enseguida a trabajar en cualquier cosa a tiempo parcial.
Al principio vivía en una residencia universitaria, luego compartí piso con una amiga. No quería depender de mis padres, así que procuré valerme por mí misma y, además, ayudar a mi madre.
Ella nunca aceptó dinero directamente, pero siempre me pedía que le llevase cosas útiles: ropa, zapatos, algo para la casa.
En cada visita, llegaba con bolsas repletas de comida y suministros.
Mi madre vive en un piso de tres habitaciones con Mateo. Nuestro padre murió hace tres años.
Mi hermano jamás se sintió atraído por los estudios. Tras el instituto, se fue a trabajar a Alemania, pero lo único que logró comprar en ese tiempo fue un coche viejo. Al regresar a España, comenzó a trabajar de taxista en Salamanca.
Al poco, se casó y se mudó con su esposa, Carmen, al piso de mi madre.
Siempre estaban ahogados por las deudas, porque Mateo vivía el día a día. En cuanto les ingresaban la nómina, el dinero desaparecía.
Mi madre y los padres de Carmen les rescataban económicamente una y otra vez. Mateo sabía que siempre habría alguien para salvarle, así que no se esforzaba ni trataba de mejorar su situación.
Ahora, Mateo y Carmen tienen dos hijos, con un tercero en camino.
Han decidido que el piso de mi madre ya es demasiado pequeño y han empezado a buscar un piso para comprar.
Por mi parte, vivo en un piso alquilado con mi pareja, Tomás. Queremos casarnos, pero hemos decidido posponerlo a otro momento más propicio. Ambos tenemos ingresos estables: Tomás trabaja de ingeniero informático y yo llevo varias tiendas online.
No malgastamos nuestro dinero y vamos ahorrando para comprar nuestro propio piso y vivir totalmente independientes tras la boda.
Mi madre sabía muy bien nuestros planes pero aun así dejó caer a Mateo que podía pedirme ayuda.
Quieren comprar piso, pero no tienen para la entrada me soltó mi madre.
Cuando Mateo vino a pedirme dinero, fui tajante.
Él se marchó furioso. Creía que yo estaba en deuda con él solo porque él había formado una familia y yo todavía no.
Poco después me llamó mi madre, con voz fría:
No tienes conciencia, de verdad. ¿No ves que Mateo lo está pasando fatal? Es tu hermano, podrías echarle una mano. Solo piensas en ti.
Y añadió:
Ven cuanto antes a recoger todas tus cosas de este piso. Aquí no se puede ni pasar de tanto cacharro tuyo. Y ni se te ocurra venir en Nochebuena. Mateo está enfadado contigo y yo tampoco quiero verte.
No quise ni discutir. Iré recogiendo mis cosas y encontraré hueco en el piso de alquiler que comparto con Tomás. Cuando por fin tengamos nuestra casa, las colocaré allí.
Podría haber prestado dinero a mi hermano, pero sé que no habría visto ni un euro de vuelta. Ni siquiera lo planteó como un préstamo: daba por hecho que le regalaría todos mis ahorros.
Solo porque tiene hijos
¿Vosotros qué hubierais hecho en una situación así?






