Juan Juanito se despierta a sus 118 años: revisión matutina de piezas, llamada de la Seguridad Socia…

Me he despertado esta mañana y, para ser honesto, el día ya apuntaba maneras. Cuando uno cumple 118 años, abrir los ojos ya es casi una hazaña. Lo primero, como siempre, ha sido pasar la ITV personal: abro el ojo izquierdoperfecto, luego el derechoun poco nublado. Agua templada, unas gotas, y listo, como nuevo otra vez. Doblo todo lo que todavía se puede doblar; lo que no, le pongo un poco de aceite. Compruebo la marcha adelante y la atrás, reviso el cuello. Girar gira y hasta suena, así que, tras un par de zapateados y un par de palmadas, inauguro el día.

A las ocho en punto, como manda el guion, he recibido la llamada del Instituto Nacional de la Seguridad Social.

Hola, Lidia le he dicho con alegría aguardentosa al teléfono.
Buenos días, don Aurelio, ha respondido ella, más triste que un torero en San Isidro ¿cómo se encuentra hoy?
No me puedo quejar, hija, le sonrío aún con la voz.
Pues es una pena, don Aurelio, ya voy por el quinto aviso este año por su culpa. Hoy hace treinta años que dejó de cobrar el plan de pensiones privado y pasó a la pública.
Bueno, perdóneme. Por cierto, este mes ¿subida?
Sí, subida ha contestado ella, ya como el Pierrot de las zarzuelas. ¿Seguro que no trabaja en ningún lado aunque sea unas horillas?
No, hija, para lo que necesito, me sobra el dinero.
Vaya… Pues… Cuídese… y colgó, dejando la frase sin terminar.

A las nueve he desayunado con mi tataranieto. No vive conmigo, pero siempre entra por la puerta como si la casa fuese suya. Lo primero que hace es sacar la cinta métrica. Mide la cocina, mide el baño, calcula materiales, apunta precios en euros, hace esquemas de muebles. Hoy llegó sin ella, se la había olvidado.
Cógela del aparador le he dicho, aún queda la de tu abuelo, he soltado una risita y he puesto el té a hervir.
El chaval, resignado, suspira fuerte y se come la famosa tortilla de su tatarabuelo.

A las diez, como cada mañana, he bajado a fumar junto al portal.

¡Hombre, Aurelio, ya otra vez con el pitillo!
Sabes que fumar causa… el vecino se ha frenado, viendo al viejete ahí, tan campante, que empezó a fumar cuando la gente suele caer justo por aquello que causa.
Hoy nos vamos a Madrid.
¿Y qué hay que hacer allí?
Pues dar una vuelta en metro, pasar por la Puerta del Sol, ver el Palacio Real mientras no lo cierran.
Tampoco es para tanto, el Rey como el Rey…
¿Pero lo has visto tú, en persona?
Claro, vino una vez a nuestro pueblo.
¿En el ataúd?
No, mujer, en coche.
¿Y tú cuántos años tienes?
Recién cumplidos los dieciocho, le digo mascando el filtro del cigarro.
Anda ya
Sí, repetí curso, me quedé otro año.
Pues enhorabuena, entonces.
Gracias y me volví a casa.

A las once, el director de Movistar me llamó, casi llorando, para que cambiase de tarifa. La que tengo solo existe por mí, y calculando en euros modernos, literalmente les sale a pagarme ellos a mí.
A las cinco entré al supermercado. Por mi cumpleaños, el hipermercado hace descuento igual a tu edad. Así que cogí una tarta, un kilo de plátanos y una tele de esas de pantalla grande. Con el cambio, llamé a un taxi y pedí servicio de portes para subirlo a casa.
A las siete, recibí la llamada del tanatorio: que por favor pase ya a recoger mi póliza de seguro y mis zapatillas.
A las ocho llegaron los invitados. Coloqué la mesa, encendí la tele nueva, serví vino. Los brindis fueron discretos; la gente no sabía muy bien qué desearme, así que solo se levantaban uno por uno.
A las diez llamó la policía, pidiéndonos bajar el volumen por los vecinos mayores. La puerta la abrí yo mismo, y a los agentes casi les dio una embolia al ver quién era el del jaleo.
Me fui a la cama cerca de medianoche, cuando la mayoría ya se había marchado a casa o al hospital. Sonriendo hacia la nada, me quité el anillo de oro mágico del dedo y lo escondí bajo la almohada. Llevaba grabado, en letra diminuta, un mensaje encargado por mi mujer antes de irse: Vive por los dos.
Y eso es justo lo que hago.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

eighteen + 11 =

Juan Juanito se despierta a sus 118 años: revisión matutina de piezas, llamada de la Seguridad Socia…
El piso donde ya no somos bienvenidos: cuando mamá convirtió nuestro hogar en un auténtico campo de batalla