Of course! Please provide the original title you’d like me to rewrite and adapt for a Spanish (Castilian) audience.

Elección

Pues resulta que Alfredo está casado hasta las cejas suspiraba Estrella, sentada en un banco del Parque del Retiro, apretando en el bolsillo el volante para la clínica.

Las compañeras de habitación en la residencia universitaria la miraban con envidia cuando la veían junto a aquel moreno de ojos azulísimos, siempre bien afeitado y de modales intachables. Decían que había tenido suerte con su caballero tan atento. Pero no había nada que envidiar, en realidad.

Estrella se estremeció al recordar esa primera y última vez que se topó con la esposa de Alfredo, que la esperaba a la salida de la fábrica para aclararle las cosas de una vez.

Hola, ¿verdad que eres Estrella? comenzó la mujer.
¿Y usted quién es? tartamudeó Estrella, tensa ante la mirada penetrante de una mujer alta y delgada, con el pelo rubio ceniza perfectamente alisado.
Soy Carmen, la esposa de Alfredo Oteiza.
¿Qué?
¡Has oído bien!
Otra ingenua dijo Carmen con calma ¿Y cuántas como tú habrá por el mundo buscando la felicidad ajena? Nunca os acabáis.
¿Pero quién se cree que es?
Oye Carmen le sujetó el codo con firmeza, ¿quién te crees tú?
Yo soy la esposa legítima. Te he visto con mi marido, y encima tienes la cara de hacerte la interesante. Deberías disculparte y desaparecer de vergüenza, aunque eso solo lo hace la gente decente, y me temo que no es tu caso.
Como tú ha tenido tantas, que no me llegan los dedos de las manos ni de los pies para contarlas.
Has caído con un casado. ¡Qué poca vergüenza!
Él es hombre, un cazador, ¿lo entiendes?
Tú para él solo eres una aventura pasajera. Unas semanas y ni se acordará de tu nombre. Aléjate de él.
Por cierto, tenemos dos hijas. Te puedo enseñar una foto de familia. Carmen sacó una instantánea y se la mostró a Estrella, perpleja. ¡Mira! Prueba de nuestro amor. Fue en Torremolinos, hace dos meses
¿Ahora qué? ¿No dices nada?
¿Y qué quiere de mí? Arregle sus cosas con su marido.
Lo haré, tranquila. Apenas lleva tres meses en esa fábrica. El sueldo está bien, y mira tú, apareces tú para complicarnos la vida.
Déjalo estar. No te fíes de promesas; Alfredo no se va a divorciar. No malgastes tu tiempo. ¿Qué tienes, treinta años?
¡Veinticinco! replicó Estrella, dolida.
Mucho mejor. Aún tendrás tiempo de casarte y tener hijos. Pero deja a Alfredo tranquilo.
Estrella no pudo escuchar más. Con las piernas flojas, se alejó poco a poco de la esposa que recién había irrumpido en su mundo de ilusiones románticas y lo había derrumbado de golpe.

Traidor murmuraba Estrella, sintiendo un nudo en la garganta, pero no quería que nadie, ni en el parque ni en el trabajo, adivinara su disgusto. No quería cotilleos.

Por la tarde, Alfredo apareció como si nada, con un ramo de flores. Con los ojos hinchados, Estrella lo echó de casa a pesar de sus promesas de amor eterno y sus supuestas intenciones de separarse, asegurando que hacía años que él y su esposa eran como dos extraños.

Durante un par de semanas, Estrella intentó recomponerse. Alfredo no la volvió a molestar. Fingía no conocerla y ni la saludaba al cruzarse con ella.

Pero los problemas nunca vienen solos Al principio, Estrella achacó las náuseas y los mareos matutinos a los disgustos sufridos, pero pronto entendió que ese amor ingenuo y apasionado con Alfredo había dado fruto.
Seis semanas, sonaba a sentencia.

Estrella no quería ser madre soltera. Le aterraba esa idea. Sentía que todos la miraban y murmuraban, juzgando su error de confiar en un hombre al que en realidad no conocía.

Alfredo le había ocultado que estaba casado. ¿Qué iba a hacer ella? ¿Pedirle el DNI cuando se conocieron? No llevaba anillo, pero muchos casados tampoco lo llevan.
¿Y por qué no se dio cuenta antes cuando él insistía en que su relación fuera un secreto en la fábrica?
La había engañado. Y aunque no fuese culpa suya, Estrella no se sentía mejor. Además, ya habían empezado los rumores después de la visita de Carmen.

Estoy embarazada aprovechando la pausa del almuerzo, Estrella se acercó a quien fue su amante, presa de la desesperación.

Te doy dinero, pero haz lo que hay que hacer le soltó él, seco.

Al día siguiente, Alfredo dejó el trabajo. Y desapareció para siempre de su vida.

Estrella sabía que tenía que darse prisa. A pesar de las advertencias del médico, aceptó el volante para “la intervención”.

Y ahí estaba, sentada en el banco del Retiro, apretando ese papel, como si temiera perderlo.

¿Va usted con prisa? le preguntó de repente un chico con traje y un enorme ramo de crisantemos burdeos, dejándose caer a su lado.
¿Cómo? lo miró Estrella, con la mirada vacía.
Digo que su reloj va adelantado inclinó la cabeza señalando el reloj dorado de su muñeca.
Siempre lo pongo diez minutos antes, pero no sirve de nada. respondió con indiferencia, sin mirarlo.
Hace un día precioso, ¿verdad? Veranillo de San Miguel en pleno otoño. A mi madre le encanta este tiempo. Siempre dice que un día así fue cuando tomó una decisión importante en la vida, y nunca se ha arrepentido.
¿Sabe una cosa? el chico seguía hablando, como caído del cielo. ¡Mi madre es única! y enseñó el pulgar. Le debo tanto
¿Y su padre? le salió a Estrella sin darse cuenta.
De mi padre no cuenta nada. Ni pregunto Veo que le cuesta recordarlo.
Vengo de una entrevista. Me han elegido a mí de entre diez candidatos para un puesto increíble. Sin experiencia, no daban un euro por mí. Casi ni me lo creo.
Es todo gracias a mi madre, me ha dado mucha seguridad.
Ya sé en qué voy a gastar mi primer sueldo: le regalaré un viaje a la costa a mi madre. Nunca ha visto el mar.
¿Y usted, ha estado en la playa?
No,miró fijamente a aquel chico, reparando en su corbata burdeos.
Era simpático y su felicidad desbordaba.
Es regalo de mi madre dijo orgulloso, acariciando la corbata al ver que la chica la miraba.
Seguro que le estoy aburriendo, pero es que me apetece compartir mi alegría. Pareces tan triste…
Bueno, he pensado que a veces solo hace falta hablar con alguien ¿Le estoy molestando?
Estrella negó con la cabeza. Aquel desconocido no la había resultado molesto. Había conseguido frenar esa marea de pensamientos oscuros que la atrapaban. Y su amor por su madre merecía respeto.
¡Qué amor tan leal!pensó, Ojalá tuviera yo un hijo así

Bueno, me voy ya. Mamá me está esperando, y seguro que anda inquieta ¡No tenga prisa!
¿Cómo dice?
Por el reloj, que no corra sonrió él.
Ah, ella le devolvió la sonrisa.

Al desaparecer el chico, Estrella sacó el volante que tanto miedo le había dado minutos antes y lo rompió en pedacitos.
Luego se quedó mucho tiempo sentada, como hipnotizada, respirando el aire templado de septiembre.
Sentía un calor y una paz inesperados gracias a ese desconocido, que de repente le había parecido tan cercano.
No estaba sola. Aquella mujer había criado sola a un gran hijo. Qué pena no haberle preguntado el nombre, pero ya no importaba
La decisión estaba tomada.

***
Veintitrés años después

Mamá, que llego tarde Stanislao se miraba en el espejo mientras su madre, con delicadeza, le anudaba una corbata burdeos recién comprada, preparándolo para una importante entrevista de trabajo.
¿Y si ni voy?
Llévala, te dará confianza. Créeme, todo irá bien. Te cogerán seguro ¡Ya está! dijo Estrella, retrocediendo para mirarlo con orgullo.
Estoy nervioso, ¿y si?
Ese puesto es para ti. Contesta tranquilo y no olvides sonreír. Estás guapísimo.
Vale, mamá contestó Stas, dándole un beso y saliendo corriendo a la entrevista.

Estrella lo siguió con la mirada, observando cómo ese ser tan querido caminaba seguro hacia la parada del autobús.

De repente, un escalofrío la recorrió.
¿No había vivido ya todo esto?
Aquel chico del parque, hacía más de veinte años
Stanislao, su hijo, hoy vestido igual, le recordaba tanto a aquel joven
Había olvidado aquel episodio durante años. Pero ahora, el recuerdo volvía vívido.
¿Qué tenía aquel instante?
¿Será posible que entonces el destino le dejó ver al futuro hijo del que estuvo a punto de renunciar, señalándole el camino correcto?
¿Y por qué nunca le preguntó el nombre, si eran casi de la misma edad?
Bah, ya da igual

Todo salió bien.
Por la tarde, Stas volvió a casa con un gran ramo de crisantemos burdeos, a juego con la corbata, y le anunció a Estrella que lo habían contratado.
Además, le prometió que juntos irían a la playa que ella nunca había pisado.
Ahora tocaba a él cuidar de su querida madre. Por ella movería montañas, desviaría el curso de un río. Así era el hijo de Estrella.
Por duras que fueran las pruebas, siempre encontraba consuelo en sus abrazos, y todo pasaba.

Superaron todo, vencieron al desánimo.
Estrella jamás se arrepintió de haber dado a luz a su hijo.
Había hecho su elección, y era la correcta.
Así debía ser.

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Of course! Please provide the original title you’d like me to rewrite and adapt for a Spanish (Castilian) audience.
Mi exmarido le regaló a nuestro hijo un columpio, pero cuando vi lo que había dentro, inmediatamente llamé a mi abogado.