Estoy en contra de mudarme a una casa propia en el campo al jubilarme, aunque esté equipada con todas las comodidades y esté bien ubicada. Quiero explicar detalladamente mi opinión:
1. Problemas con el sistema de alcantarillado. El saneamiento centralizado en nuestros pueblos no está bien resuelto. Muchas veces hay que instalar una fosa séptica. Esto supone trabajo regular vaciarla, limpiarla, comprobarla. No todos los jubilados disponen de dinero ni fuerzas para estas tareas.
2. Para tener agua corriente en casa, hay que encargarse de perforar un pozo o hacer uno cerca de la vivienda. Incluso aunque consigas una fuente propia, esta requiere atención en invierno las tuberías se pueden congelar, en verano la bomba puede estropearse por el uso intensivo, y el pozo necesitará limpieza periódica de lodos. Hacer esto uno mismo no es sencillo si eres mayor, y pagar a un profesional cuesta dinero.
3. Hay que preocuparse por la calefacción. Si la casa tiene chimenea o estufa, hay que preparar leña o comprar carbón; si depende de gas o electricidad, hay que invertir mucho en una caldera y pagar la instalación. No es fácil afrontar estos gastos con una sola pensión, y cualquier avería, sobre todo en pleno invierno, supone un gran desembolso.
4. Hay que quitar la nieve del patio uno mismo. En el pueblo no hay operarios municipales con quitanieves; solo queda la pala y dedicar varias horas cada mañana para poder abrir la cancela, repitiendo por la tarde para evitar quedarse encerrado por los ventisqueros hasta el deshielo.
5. Cuando termina la lucha contra la nieve, empieza la de la hierba. En verano hay que segar el césped al menos una vez por semana.
6. Cuidar el huerto ocupa todo el tiempo y la poca energía disponible. Hay que cavar la tierra con azada o motoazada, pero además, desde primavera hasta otoño, regar cada día, quitar malas hierbas, plantar, recoger y almacenar la cosecha.
Mi mujer y yo nos ocupamos del pequeño parterre junto a la entrada, y a veces pedimos ayuda a nuestro hijo, pero una finca grande requiere muchísimo más esfuerzo.
7. No en todos los pueblos hay comodidades como hospital, farmacia o correo. A veces hay que andar varios kilómetros para comprar algo básico, y eso si tienes coche. Si hay que ver al médico o ir a la peluquería, toca ir a la ciudad.
Vivir en el pueblo no es fácil ni económico cada año la casa necesita alguna reparación, por pequeña que sea, hay que comprar semillas y abonos para la huerta, y cuidar el patio. Para una persona mayor, envejecer en un piso es mucho más sencillo.






