Nunca se habló de pensión alimenticia, solo acordamos que pagaría a mi marido para el mantenimiento de nuestro hijo, y él lleva años viviendo de mi dinero.

Pues mira, te cuento. Yo fui la que dejó a la familia por otro hombre y, claro, la culpa del divorcio fue mía, así que Ramón, mi exmarido, pensó que tenía que compensarle por el corazón roto. No me dejó llevarme a nuestro hijo, y además el niño quería quedarse con él, no conmigo. Y aunque me dolía muchísimo, no pude convencerle ni llevármelo a la fuerza. Todo aquello lo despachamos bastante rápido; me dejaron irme a cambio de que, cada mes o dos veces por mes, les mandara dinero.

En ese momento, Ramón tenía su trabajo, ganaba lo justo y íbamos tirando. Pero cuando se dio cuenta de que yo tenía bastante dinero, y que además mi nueva pareja, Alfonso, también ponía de su parte para que al niño no le faltara de nada, pues Ramón dejó el trabajo y empezó a vivir de lo que yo mandaba.

Según iba creciendo mi hijo, su padre lo colmaba de caprichos: comidas en restaurantes, faltaba al cole siempre que quería, vacaciones por ahí, electrodomésticos caros Pues te puedes imaginar, al final el chaval empezó a coger una actitud bastante chulesca y cada vez quería verme menos. Daba igual lo que yo le comprase o hiciera por él, porque papá siempre lo superaba, aunque fuera gracias a mi dinero. El niño, con once años ya, ni se planteaba cómo era posible que su padre tuviera tanto dinero si siempre estaba en casa y no curraba.

Alfonso, mi marido ahora, me dijo un día que quizás todo esto era porque les daba demasiado dinero. Y empezamos a pensar en la universidad para el crío y nos pareció mejor idea ahorrar para eso en vez de que Ramón se gastase todo en tonterías innecesarias. Así que, un día, se lo solté cara a cara a mi ex: “Oye, Ramón, creo que ya ha sido suficiente, te toca a ti ponerte las pilas con los gastos porque yo ahora voy a ahorrar para el futuro de nuestro hijo”. Pues no veas el cabreo: que si qué clase de madre era yo, que si como esposa había sido fatal, que si me denunciaba y que sacara de mí una pensión alimenticia, porque según él, en realidad, no les pagaba nada.

Obviamente, hablé con abogados y me dijeron que no me asustara, que no le hiciera ni caso, que Ramón no tenía nada que hacer porque llevaba años sin trabajar y viviendo de mis transferencias. Pero, aunque legalmente estoy tranquila, siento que en realidad estoy perdiendo yo. Mi hijo, ahora, parece que me odia aún más, pensando que lo que hago es castigar a su padre y no querer ayudarle Y la verdad, eso sí que me duele.

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Un hermano reaparece con un reclamo