Al principio me pareció extraño que Bárbara me invitara a su casa. Siempre se enfadaba cuando quería…

Al principio me resultó extraño que Carmen me invitara a su casa. Siempre se enfadaba cuando quería ir con mi hijo, tampoco quería que la visitara en las fiestas.

El piso es muy pequeño, no hay espacio decía, recorriendo los tres amplios dormitorios que recibió tras el divorcio.

La zona donde vivía Carmen con sus dos hijos era tranquila y cómoda. La casa daba a un colegio, cerca había una piscina municipal, un parque bonito y un pequeño bosque, y todo tipo de transporte estaba a mano. En realidad, no podía quejarse.

Carmen estaba radiante de felicidad cuando se sentaba conmigo y con nuestra madre en la mesa de la cocina.

Por fin he decidido hacer una reforma nos decía. Quiero volver a pulir los horribles suelos de madera y cambiar algunos muebles. Suena tan fácil y rápido, pero en realidad requiere mucho tiempo y dinero. Tengo que contratar a unos profesionales, pero me faltan euros. Eres mi hermana, ¿no puedes ayudarme?

Acepté la petición con cierto escepticismo. La reforma no era urgente, nada había empezado y se podía hacer poco a poco: este mes comprar papel pintado y cola para uno de los cuartos, quizá también algún mueble, y así, poco a poco, habitación por habitación.

Lo siento, nosotros tampoco tenemos tanto respondí, esperando que eso pusiera fin al asunto.

Sé cuánto gana tu marido replicó Carmen. Siempre ayudas a su familia.

Para mi sorpresa, nuestra madre apoyó a mi hermana. Dijo que hablaría con mi padre y que le darían a Carmen parte de los ahorros, luego empezó a animarme a ayudar también.

Ayuda a tu hermana, sabes que no lo tiene fácil sola con los niños. A este ritmo nunca pondrá en orden el piso. Si no la ayudamos, todo se irá al traste. ¿Cuánto quieres que te prestemos?

Los ojos de Carmen se abrieron con asombro.

¿Prestarme? preguntó. No os lo puedo devolver. Os pido que me lo regaléis, lo que podáis. Así podremos celebrar aquí las fiestas, y podrías venir más a menudo.

Ya me imaginaba yendo allí, viendo cómo me recibían con alegría.

Lo pensaré respondí, tratando de evitar el compromiso.

Al llegar a casa, conté la historia a mi marido, y también le sorprendió la actitud de Carmen. No somos una ONG para regalarle dinero porque sí.

Hemos decidido que no vamos a dar nada, y ahora estamos pensando cómo decírselo a Carmen de forma delicada, sin ofenderla y para que el tema del dinero se acabe para siempre.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

10 + eighteen =