Conocí a Victoria en primero de primaria. Entonces no comprendía que pertenecía a una familia de aco…

Con Lucía nos conocemos desde primero de primaria. Por aquel entonces no entendía que ella era una niña de familia de acogida, pues ni siquiera sabía lo que era un centro de menores. Me llamaba la atención que algunos compañeros recibieran regalos del colegio y otros no, pero poco a poco todo fue cobrando sentido. Además, Lucía y yo veníamos de familias con situaciones económicas bastante parecidas. Nos hacía muchísima ilusión cuando íbamos al cine con la clase y, de vez en cuando, conseguíamos juntar unas pocas monedas para comprarnos unas patatas fritas.

Justo por eso, Lucía se ha vuelto una persona muy ahorradora. Con los años, conforme aparecían los móviles de última generación y demás cosas de moda, a veces sentíamos que estábamos por debajo de los demás. No podíamos permitirnos todo y aquello nos parecía lo más normal del mundo. Terminamos el instituto. Ya en primero de carrera, Lucía recibía una doble beca, la académica y la de ayuda social. Eso le permitía ahorrar algo, mientras yo intentaba ganar un poco de dinero trabajando de azafata en supermercados o repartiendo folletos. En algún momento de ese primer curso, Lucía conoció al que hoy es su marido. Por entonces no era nadie, iba en autobús y vivía en una residencia de estudiantes.

Durante la universidad, no tuve mucho tiempo para quedar con mis amigos, así que se me pasó el momento en el que el marido de Lucía empezó a ganar más dinero, compró su primer coche y comenzó a llevarla de viaje a todas partes. Yo no me podía permitir ese tipo de cosas, y mi novio tampoco era adinerado. Algunas veces, me ofrecieron irme de vacaciones con ellos, incluso fuera de España, pero tenía que pagármelo todo de mi bolsillo, y ellos consideraban poca cosa unas cantidades de dinero que para mí simplemente eran imposibles.

Hace poco mis amigos celebraron su boda, pero yo no podía ir. No quisieron hacerla en nuestra ciudad y organizaron una celebración por todo lo alto en otra región. Invitaron a mucha gente y no podían alojarnos a todos, así que nos sugirieron reservarnos una habitación de hotel cada uno. A eso había que sumarle el regalo y el viaje… Total, que era demasiado, así que no pude acompañarlos.

Cada vez escucho más que se van a Egipto, a Turquía, que Lucía le ha regalado a su marido un iPhone, que él se ha comprado otro coche nuevo, que han reformado el piso… Y siento que cada vez pertenezco menos a su mundo. Ahora nuestros niveles de vida son demasiado distintos.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

two × one =

Conocí a Victoria en primero de primaria. Entonces no comprendía que pertenecía a una familia de aco…
El aniversario que quedó en el olvido