Diario personal, 19 de abril
Llevo ya trece años criando al hijo de mi mujer, fruto de su primer matrimonio, como si fuera mío, de la misma manera que a mi propia hija. Blanca, mi hija, se parece mucho a mí: compartimos carácter, metas, e incluso vemos la vida desde puntos de vista parecidos. Sin embargo, Martín es la viva imagen de su madre; todo en él le basta, jamás pide más.
Siempre que se acercan los cumpleaños o la Navidad, suelo preguntarles a los dos qué regalo les gustaría recibir. Blanca me prepara una lista detallada para ayudarme a elegir, pero Martín me suelta que cualquier cosa le haría ilusión y que en realidad le da igual. Si Blanca sale por ahí con amigas y le pregunto si quiere algo de dinero, nunca rechaza un billete de más de los que le ofrezco. Martín, en cambio, me asegura que tiene suficiente y no acepta ni un euro extra de mi parte. Sé perfectamente que después acude a su madre y le pide a ella, pero a mí nunca.
Me cuesta entender que, tras tantos años viviendo juntos bajo el mismo techo, siga sintiendo esa distancia conmigo. Yo lo crié como a un hijo más, pero sigue sin atreverse a pedirme nada y se refugia siempre en su madre. Su padre biológico ni siquiera está presente en su vida, y aun así actúa conmigo como si yo fuera un extraño.
Ahora que acaba de cumplir dieciséis años y tiene que decidir qué bachillerato elegir, hemos estado toda la familia debatiendo las opciones. Él tiene claro que va a entrar al instituto público que quiere, pero le insisto en que no descarte otros caminos, incluso algunos de pago. Le ofrezco abiertamente pagarle uno si lo necesita, y de nuevo, él rechaza mi ofrecimiento diciendo que no le hace falta nada, que él sabrá arreglárselas.
No puedo evitar sentirme ofendido por esa actitud tan autosuficiente y ese desinterés por cooperar conmigo como padre. Si tan seguro es de poder con todo solo, quizás debería empezar a dejarle que se apañe sin mi ayuda. Si no quiere aceptar ni un céntimo mío, que así sea.
Hablé del tema con mi mujer y su respuesta fue ambigua, incluso cree que yo estoy siendo un poco infantil con todo esto. Pero en mi opinión, su hijo está demasiado maduro para su edad, con esa costumbre de no pedir nunca ayuda y manejarlo todo a solas. Me pregunto: ¿cómo se hace para estrechar lazos con alguien que levanta un muro tan alto? ¿Cómo podría yo acercarme a Martín, o acaso le corresponde a él dar el siguiente paso?







