María regresó a casa abatida. Ese día había ido a visitar a su hija. Al entrar, encontró el piso hecho un desastre. Su hija, Lucía, estaba sentada en el suelo, llorando desconsoladamente. Se había peleado con Fernando y lo había echado de casa. María jamás habría imaginado que las cosas podían torcerse tanto. Su hija siempre parecía feliz. Llevaban una buena vida, criaban a sus dos hijos y acababan de comprar un piso con una hipoteca. No lograba comprender qué había sucedido.
Mamá, por la mañana todo iba bien empezó Lucía, entre sollozos. Por la tarde sonó el teléfono de Fernando. Contesté yo. Era una voz de mujer:
Cariño, ¿cuánto más voy a tener que esperar? preguntó la desconocida. Pregunté quién era, pero colgó y dejó de responder las llamadas.
Decidí preguntarle a mi marido. Él me dijo que sería una equivocación.
¿Entiendes que te soy fiel? ¡No le creí! Recogió sus cosas y se fue.
María intentó tranquilizar a su hija. Quizá de verdad fue todo un error.
Al día siguiente, Lucía la llamó para contarle que Fernando había puesto la demanda de divorcio. Sin embargo, había prometido seguir pagando la hipoteca. Nadie sabe cómo acabará todo. Si él deja de pagar, Lucía no podrá sola y perderán el piso. Fernando aseguró que el piso sería para los niños. Pero Lucía ya había oído rumores: la supuesta amante de Fernando reclamaba parte de los bienes.
También necesitan una casa, porque la otra mujer está embarazada. Nadie sabe si eso es cierto. Cuando se separaron, Fernando le prometió a Lucía que se ocuparía de todo. Él sigue viendo a sus hijos, Lucía nunca se lo ha impedido. Pero a su nueva pareja no le agrada esa relación. Por eso, Fernando podría cambiar de parecer respecto al pago de la hipoteca.
A veces, Lucía nota que su exmarido está agotado por esa relación. También la situación del embarazo parece pesarle mucho…
María, al reflexionar sobre todo lo ocurrido, comprendió la importancia de la honestidad y la comunicación en la familia. Los problemas, aunque duelan, se pueden superar si se afrontan juntos y con sinceridad. Y por encima de todo, supo que el bienestar y la estabilidad emocional de los hijos son la prioridad, pase lo que pase.






