Me encontré con una amiga de la infancia que decidió no tener hijos; eligió vivir para sí misma y disfrutar de su propio camino.

Querido diario,

Hoy me he encontrado con una vieja amiga de la infancia. Ambas tenemos ya sesenta años. Cuando terminamos la universidad, se marchó enseguida de nuestro pueblo, sin mirar atrás. Durante un tiempo mantuvimos correspondencia, pero pronto perdimos el contacto.

Fue a través de conocidos mutuos que supe algo de ella: viajaba por el mundo, nunca estaba quieta, cambiaba de pareja como quien cambia de estación. A los cincuenta años ya llevaba tres maridos, pero tampoco con el tercero duró. No tuvo hijos, algo que nunca entendí del todo. Muchas mujeres, al menos en España, tienen hijos por ellas mismas; si no funciona la relación, siempre queda el niño y luego los nietos.

Ahora ha regresado a nuestro pueblo, necesitaba vender la casa de sus padres. Antes la tenía alquilada. Nos vimos y estuvimos charlando largo rato, compartimos nuestras historias. Al final, no pude evitar preguntarle:

Chica, ¿por qué tu vida ha sido así? ¿Por qué nunca tuviste hijos? Aunque sea para ti, para que alguien te dé un vaso de agua cuando seas mayor.

Me soltó una carcajada y me respondió:

¿Un vaso de agua? ¿Cuántas veces tus hijos te lo traen? Hoy en día los hijos pasan de los padres mayores. Es más fácil ahorrar unos euros y contratar a una buena cuidadora que pedirles a los hijos, cargarlos con responsabilidades. No tuve hijos porque no quería. No me apetecía cuidar de nadie, preocuparme por otros ni dar dinero. Decidí vivir mi vida para mí misma. Quise viajar, conocer mundo, ganar mi dinero. Mis maridos me dejaron sólo porque me negaba a tener descendencia.

Ahora también vivo para mi propio disfrute. No tengo que cuidar nietos ni trabajar como una burra para alimentar a hijos que ni siquiera saben ganarse la vida.

No me arrepiento de absolutamente nada. Al contrario, me dan pena aquellos que tuvieron un montón de hijos y ahora están solos, lamentándose porque sus hijos se fueron a Alemania o Inglaterra, o porque simplemente se olvidaron de ellos. Yo no tengo esos problemas.

Esta es mi reflexión.

Escuché a mi amiga y comprendí que tiene razón. ¿Para qué tener hijos, para qué preocuparse, si no le nace a una? ¿Para qué depositar la esperanza en que tenerlos te garantizará compañía o ayuda en la vejez? Nadie le debe nada a nadie.

¿Tú qué piensas?

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

1 × one =

Me encontré con una amiga de la infancia que decidió no tener hijos; eligió vivir para sí misma y disfrutar de su propio camino.
La felicidad llama a tu puerta