Ayudé a mi hermano a hacer reparaciones en su piso gratis, y él me pagó dándome sólo la basura que le sobró.

¡A día de hoy todavía le debo dinero por eso!

Podría decirse que soy un reformista profesional. Llevo mucho tiempo dedicándome a esto, hasta convertirlo en un negocio bastante rentable. A veces, familiares me piden ayuda para arreglos o chapucillas en casa. Y un día recibo una llamada. Contesto y resulta que es un primo. Me llama y me dice, “Oye, que te llamo porque me harías un favor”.

A los pocos días me preguntó si podía acercarme a echar una mano con unas reformas, “¿Tienes tiempo ahora?” Nunca le digo que no a la familia si puedo ayudar, así que fui. Resulta que ya había comprado y recibido todos los materiales necesarios, y en cuanto llegué, me puse manos a la obra. Este tipo de trabajos me llena de satisfacción, siempre disfruto del proceso.

No me gusta cobrarles a mis familiares. Aunque mi primo insistió en darme algo, rechacé el dinero. El cambio en el piso tras la reforma fue espectacular, te lo aseguro. Nos llevó unas dos semanas terminarlo todo. Así que, cuando ya quedaban solo remates y una montaña de trastos viejos en el pasillo por tirar al punto limpio, a mi primo se le encendió la bombilla.

Oye, ¿por qué no te quedas con todo eso? Llévatelo al garaje de momento y quizá más adelante te valga para ti o para algún trabajo. Así te ahorras unos euros. Me pareció buena idea y acabé llevándome al garaje los materiales que sobraron: azulejos, tarima flotante, pinturas… Total, sitio hay de sobra, y nunca se sabe cuándo puede venirme bien.

Decidí hablarlo detenidamente con mi primo, suerte que grabé la conversación con el móvil, porque lo que me soltó mirándome a los ojos me pilló totalmente desprevenido. Os comparto el clip porque fue digno de ver:

Al final era una afición mía. Le di las gracias por el gesto y dejamos todo zanjado. Terminamos la reforma ese mismo día por la tarde. Me llevé los escombros al punto limpio y el resto de materiales a mi garaje para guardarlos. Después, celebramos la reforma acabada con una cerveza y me volví a casa.

Al día siguiente, todo iba normal hasta que a las dos recibo una llamada del primo. Oye, creo que me debes algo por los materiales de construcción. Aunque sea poco, las tablas son buenas, la tarima está nueva, los azulejos podrías venderlos. ¿Te viene bien hacerme un Bizum?

Decir que me sorprendió es poco… Quedamos en hablarlo por la tarde, pero ya ni llamó. Sinceramente, me quedé de piedra.

Ahora no sé ni qué contestarle, ni cómo hablarle del tema. Al fin y al cabo, le ayudé gratis, y los materiales sobrantes iban directos a la basura: nadie habría pagado por eso. Era él quien quería tirarlos y, de repente, decidió ofrecérmelos. ¿Debería ahora cobrarle la mano de obra por la reforma?

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