Mi hermana vivió toda su vida por sus hijos, y cuando enfermó, ellos ni siquiera vinieron a verla…

Mira, te cuento algo que me tiene dándole vueltas a la cabeza. Mi hermana, que se llama Cristina García, decidió criar sola a sus cuatro hijos después de que su marido le pusiera los cuernos con una compañera del trabajo. Desde entonces, nunca más tuvo pareja. Cristina siempre ha sido una mujer muy formada, tiene tres carreras, una de ellas de chef. De lo que recuerdo, ha pasado por todo tipo de bares y restaurantes por Madrid.

Siempre se preocupó de comprarles todo a los hijos. Los niños eran agradecidos, sí, pero siempre pedían más cosas. Ahora ya son mayores, cada uno con su familia y su vida. Cristina, incluso estando jubilada desde hace tiempo, sigue enviándoles dinero cada mes, euros, claro. Dice que ayudarles le da sentido a su vida.

Hace poco Cristina cogió la gripe, y se le complicó bastante rápido, acabó con una neumonía dura de roer. Cogió la baja, pero apenas le llegaba para cubrir gastos. Por suerte, sus amigas le echaron un cable, aunque los hijos solo llamaron cuando dejaron de recibir dinero, imagínate. Preguntaron cómo estaba, le desearon que se recuperara pronto, pero ahí quedó la cosa. Nadie le preguntó cómo lo llevaba económicamente ni si necesitaba ayuda.

Cristina les pidió que fueran a verla, pero todos dijeron que no podían, que tenían trabajo y familia, que no había tiempo. Ella se sintió fatal, toda la vida ayudándoles, y ahora que necesita un poco de cariño, ni se molestan en visitarla. Estuvo un mes ingresada en el hospital. La enfermera gestionó todos los pagos, y con eso pudo salir adelante. Cuando volvió a trabajar, los hijos ni se dignaron a llamar durante todo el proceso. Seguramente algún familiar les dijo que su madre estaba bien, y ya.

No fue hasta que Cristina salió del hospital que se acordaron de ella de nuevo. Primero preguntaron por su salud, pero enseguida fue evidente el motivo de la llamada: todos pidieron dinero, y ni siquiera lo disimularon. Cada uno pidió una cantidad concreta y pusieron fechas para que la transferencia llegara a tiempo. Igual todos, a lo suyo, sin preguntarse cómo iba a conseguir Cristina ese dinero. Lo único que les importaba eran sus propias necesidades.

Cristina, la verdad, estaba destrozada. No esperaba ese trato de sus hijos, pero igual fue culpa suya por poner siempre a los demás por delante y olvidarse de sí misma. Cuando uno sacrifica su vida por otros, espera una pequeña devolución, ¿no? Quizás no debería haber puesto a los niños por delante de su vida, y tendría que haberse preocupado más por su propio futuro y no por una vejez solitaria. Pero a estas alturas, ya es imposible cambiar nada…

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Mi hermana vivió toda su vida por sus hijos, y cuando enfermó, ellos ni siquiera vinieron a verla…
Un corazón que vuelve a latir