Al jubilarme me encontré sin nada que hacer. Podía, claro, quedarme en casa y no hacer nada, pero justo acababa de nacer mi nieto, y mi hija tenía prisa por reincorporarse a la oficina. Me propuso que cuidara del pequeño a media jornada y que a cambio me pagaría. Ellos bien podían ayudarme y yo, por supuesto, a ellos (sin necesidad de dinero), pero decidí seguirles el juego de profesión y acepté el papel de niñera de mi nieto. Yo sola había criado a dos hijos y una hija, y con el niño no me costó nada. Álvaro, mi nieto, creció rápidamente y pronto empezó en la guardería, así que dejaron de necesitarme tanto. Esperaba poder tomarme unas vacaciones, pero mi yerno vino con una nueva propuesta.
El año pasado compraron una casa en un pueblo cercano a Segovia, pero ellos apenas iban por allí. Contaban con que yo me haría cargo del jardín.
Encantado, cogí el cortacésped y las tijeras de podar, recorté los árboles y planté flores delante de la casa a principios de verano. Me gustaba dormir allí alguna noche y esperaba con ilusión que los niños pasaran a ver el resultado de mi trabajo. Literalmente tenía que suplicar a mi yerno para que se acercara. Llegó ya entrado julio, echó un vistazo a la casa y al jardín, asintió satisfecho y me despidió. Me dijo que lo había hecho genial, pero que ese verano no podrían venir al chalet que se iban a la costa y que por lo tanto iba a resultarles complicado pagarme.
Jamás me sentí tan molesto. Nunca había pedido que me pagaran, la única razón por la que aceptaba dinero era porque mi hija insistía y lo entendía como una ayuda. Parece que para mis hijos no era difícil irse a la playa, pero sí lo era darme dinero. Le dije a mi yerno que no necesitaban pagarme, pero que tampoco hacía falta que me quitaran las llaves de la casa, que yo mismo iría de vez en cuando a mantener la finca en un estado decente, porque si no, para el verano siguiente todo volvería a estar cubierto de maleza.
Me pregunto si en el futuro mis hijos me echarán una mano, o si antes de invierno volverán a encontrarme alguna tarea con tal de no darme dinero así como así. Tal vez piensen que mi pensión es suficiente y que yo solo puedo arreglármelas.






