Ha dado a luz gemelos por quinta vez consecutiva. Y, de nuevo, siendo niñas, el Papa concedió su bendición en la sala de partos

Claudia fue ingresada en la maternidad mucho antes de la fecha prevista de parto: su embarazo había sido complicado en las últimas semanas, y los médicos no quisieron asumir ningún riesgo. Además, ella no esperaba un solo bebé, sino dos gemelos. A Claudia le propusieron una cesárea programada, pero su deseo era intentar un parto natural, así que los médicos decidieron darle una oportunidad, teniendo siempre la opción de pasarla al quirófano si fuera necesario.

Por otro lado, Claudia y su marido, Fernando, habían firmado un contrato para el parto conjunto, y a los obstetras no les entusiasma tener a extraños en la sala de operaciones. El parto comenzó hacia última hora de la noche; en cuanto pasó eso, avisaron enseguida a Fernando, que llegó en apenas veinte minutos, y los acompañamos a la sala prenatal. Como no era la primera vez que Claudia daba a luz, sabía perfectamente lo que se esperaba de ella, y se comportó con serenidad y sentido común. A las cuatro de la madrugada nació la primera bebé.

Enseguida la niña rompió a llorar con fuerza, y la matrona felicitó a Claudia por el nacimiento de su hija. Sin embargo, en vez de la alegría habitual, Fernando forzó una sonrisa y se giró rápidamente hacia su esposa. Diez minutos después nació la segunda niña. La madre sonreía radiante, pero el nuevo padre rompió a llorar desconsoladamente, no precisamente de emoción. Es natural que nos preocupásemos, aunque Claudia hizo un gesto con la mano y nos dijo:

“No os preocupéis, en una hora se le pasa. Estos son de nuevo nuestros quintillizos y nuestras chicas. Él tenía la ilusión de que, al menos esta vez, uno fuera un niño, pero no pudo ser, y por eso está así de decaído. Pero le encantan las chicas, así que todo está bien”. Y así fue: al día siguiente, al asomarnos bajo la ventana de la maternidad, vimos a un grupo de niñas preciosas encabezadas por su padre, atando globos y gritando su amor a su madre. Entonces comprendimos que de verdad todo estaba bien en esa familia. Sin embargo, no pude evitar sentir cierta lástima por Fernando.

Hoy, al recordar aquel amanecer de emociones y globos, entiendo que la vida rara vez sigue nuestros planes al pie de la letra, pero la felicidad suele encontrarnos rodeados de sorpresas, muchas veces en forma de hijas que te llenan la casa de vida y alegría.

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Ha dado a luz gemelos por quinta vez consecutiva. Y, de nuevo, siendo niñas, el Papa concedió su bendición en la sala de partos
Como siempre