Algo sospechoso está ocurriendo en mi casa: las cosas desaparecen y reaparecen en los lugares más inesperados

Llevo un tiempo sintiendo que estoy perdiendo la cabeza. Me mudé a Madrid hace poco, vivo solo, no tengo novia, ni compañero de piso, ni amigos que puedan aparecer de improviso, y últimamente mis cosas y mis platos me están dando quebraderos de cabeza. A veces tiro una sudadera sobre el sofá antes de salir corriendo al trabajo, y al volver, me la encuentro perfectamente doblada y guardada en el armario de otra habitación. Puede ocurrir que deje los platos sucios en la cocina y salga de casa; cuando regreso, están limpios y ordenados. Busqué información adrede en internet, para ver a qué podía deberse, y todos los comentarios en los foros decían que tengo un duende en casa. Que le pusiese leche, unas galletas y le pidiese amablemente que se marchase.

Así que decidí hacerlo antes de irme a la oficina, y lo curioso es que funcionó: por la noche ya no quedaba leche, el plato estaba colocado de nuevo sobre el estante encima de la vitrocerámica, y las galletas habían desaparecido, ni una migaja quedó.

Ya no sabía a quién acudir ni qué hacer, así que llamé a mi abuela. Ella siempre me ha contado que tiene sueños extraños y que en su vida han pasado cosas de lo más peculiares; necesitaba su consejo.

¿Y no has visto a nadie entrar o salir? preguntó, intrigada. ¿No has tropezado con nadie?
No, te lo dije, abuela, son invisibles o aparecen cuando no hay nadie en casa…
No digas tonterías me cortó ella con tono serio. ¿No te acuerdas que tu madre tiene una copia de las llaves? Ha venido su suegra, tu otra abuela, y no sabe dónde meterse. Cada día va a tu casa. No quiere molestarte, por eso viene cuando estás en el trabajo, hace alguna tarea, ve la televisión y así evita estar con su suegra. Y tú…

No pude evitar reírme tras escucharla. Me sentí tan aliviado de que no fuese nada sobrenatural. El viernes pedí el día libre y esperé a mi madre. Por fin me sentí completamente tranquilo, y efectivamente, vino, abrió la puerta con el juego de llaves de repuesto y fue directa a la cocina a mirar si había platos por fregar. Se llevó un susto al verme allí, pero siendo sincero yo también me sorprendí por su ayuda.

Le propuse venir cuando quisiera hasta que la otra abuela se marchase, incluso le ofrecí quedarse a dormir el fin de semana.

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El camionero trajo de su ruta a una mujer.