Dicen que somos responsables de todo lo que ocurre en nuestra vida, que al final nosotros tenemos la culpa por lo que pasa. Elige tú hoy, y así vas a vivir mañana.
Te cuento, yo tomé una mala decisión al unir mi vida a un hombre que no era de fiar. Cuando era más joven, estaba completamente colada por Javier, y aunque ya sabía que era un mujeriego empedernido, de verdad creía que por mí cambiaría. Quería creerlo y agarrarme a esa esperanza. Pero, vamos a ver, las personas son como son y no cambian por nadie. Incluso después de que nació nuestro hijo, Javier siguió igual de irresponsable y con sus líos.
Cada mes me llegaban más y más rumores sobre sus aventuras. Los vecinos, mis amigas, incluso mis propios familiares me contaban cosas. Sentía una mezcla de vergüenza y humillación imposible de digerir. Aguanté cinco años y luego ya no pude más. Me separé. Lo bueno fue que Javier no era especialmente tacaño; me dejó el piso suyo si yo accedía a no pedirle manutención. Al final, ni yo ni mi hijo quisimos vivir allí: lo alquilé y nos fuimos a casa de mi madre. Ya necesitaba que alguien la cuidase y así fuimos tirando.
El dinero del alquiler lo destinaba todo para mi hijo: en ropa, en el colegio, en excursiones, en juegos. Intenté darle una infancia digna dentro de lo que podía. Y lo que sacaba en trabajos limpios y en negro lo dedicaba a pagar los gastos, la comida y medicamentos para mi madre, que llevaba años encamada por una enfermedad. Yo creía que mi hijo valoraba todo ese esfuerzo y cuidado. Ahora tengo 57 años, sufro de diabetes, me estoy pinchando insulina a todas horas y lucho por aguantar lo máximo posible.
Con la salud como la tengo no puedo trabajar, ¿quién va a contratarme a mi edad? Encima tampoco tengo pensión, porque he ido saltando de curro en curro y nunca he estado fija en ninguno. La mayoría del tiempo trabajaba en economía sumergida, buscando ganar un poco más. Total, que vivo solo de lo que saco alquilando aquel piso. Mi hijo ya tiene 31 años, se va a casar y el otro día soltó que él y su futura mujer se van a mudar a ese piso.
Cuando le dije que entonces me iba a quedar sin un euro, me soltó que eso era problema mío. Y, mira, ahora mismo estoy perdidísima. No tengo ahorros, necesito medicación constante, hay que comer y pagar la luz. ¿Qué hago ahora? ¿Cómo puede mi propio hijo dejarme así? ¿Por qué me hace esto?






