Búmeran

Bumerán

¿Qué le has dicho a mi novio? grita Natalia por teléfono. Tan alto, que Elena tiene que apartar el móvil de su oído.

¿Yo? Nada contesta con voz calmada.

¡No mientas!

Y sobre Elena cae un torrente de reproches. Ella mira el móvil sorprendida y finalmente cuelga la llamada. Natalia vuelve a llamar enseguida, pero Elena ya no responde. ¿Para qué? ¿Quién acepta escuchar insultos dirigidos hacia sí misma?

¿Quién era? pregunta Andrés, el hermano de Elena.

Natalia. Pero parece que ha pasado algo con Miguel. ¿Habrán discutido? Y ahora le da por involucrarme a mí.

Elena se asoma a la ventana.

Andrés, ¿qué podría haberle dicho yo a Miguel? Si no lo veo desde su cumpleaños. Y allí apenas hablé con él…

Andrés se encoge de hombros.

No sé de qué va, de verdad.

Entra su madre a la cocina.

Bueno, hijos, ¿habéis comido ya? ¿Qué planes tenéis hoy? pregunta.

Yo lo de siempre, mamá responde Elena. Conservatorio y luego clase particular para la EBAU.

Y yo igual se adelanta Andrés. Quizá pase luego por casa de Miki… Andrés mira a Elena y le guiña un ojo.

¡Cómo crecéis de rápido! suspira la madre. Si parece que fue ayer cuando veníais del hospital, y ya termináis el instituto y vais a la universidad…

Ahora tienes tiempo libre bromea Andrés. Ya no tienes que llevarnos de un sitio a otro y apuntarnos a mil actividades.

La madre sonríe.

Ya me ocuparé cuando vengan los nietos, ya verás…

……………………………

Elena pasa el día dándole vueltas: ¿qué habría podido decirle ella a Miguel? Y sobre todo, ¿cuándo?

La respuesta llega por Andrés, que como había dicho, pasa por la casa de su amigo.

Imagínate que todo es por el mensaje que me enviaste ayer anuncia Andrés, casi divertido.

¿Qué mensaje? Elena no entiende nada.

Venga ya, Elena. Ayer me escribiste diciéndome que estabais en la cafetería La Perla, que Natalia se iba a casa y tú también salías ya.

Bueno… ¿y eso qué?

Pues que justo ayer yo estaba con Miguel. Le dije que vuestra quedada había terminado y el tío salió corriendo para despedir a Natalia en la puerta de su casa… igual quería desearle buenas noches, besarla Todo tan romántico bueno, lo que tenían.

¿Y qué?

Que Natalia llegó a casa dos horas más tarde. Decía que había estado dando una vuelta. Eso es.

Elena mira a su hermano pensativa.

Vaya ahora entiendo todo.

Vamos, que probablemente veía a otro, ¿no? pregunta Andrés.

Eso parece asiente Elena.

Y desde fuera parecían la pareja perfecta Elena, no tienes culpa de nada. Más bien deberías seguir avisándome cuando cambias de plan.

¡Claro que no tengo culpa! Y si quería verse con otro, podría haberme avisado al menos aunque, honestamente, igual te lo habría contado igual Pero ella tenía que haber quedado en otro momento con ese “alguien”, no después de estar conmigo.

……………………

Tras lo ocurrido, Natalia se enfada con Elena. Seguro que se cree que Elena lo ha hecho aposta, aunque siempre avisaba a su hermano de dónde estaba y con quién estaba. Elena sabía que Andrés podía pasar a buscarla y así volvía tranquila a casa.

Elena intenta varias veces reconciliarse con Natalia, pero esta no da el brazo a torcer. Al final resulta que Natalia sí había estado con otro chico y Miguel rompió con ella tras investigar por su cuenta.

“Pues nada, si no quiere hablar piensa Elena, allá ella”.

Este conflicto hace que Elena reconsidere sus planes: decide estudiar la carrera no en su ciudad, como habían planeado Natalia y ella, sino en una ciudad más grande. Elige también otra especialidad, la que realmente le gusta, y no aquella de compromiso que acordó con su amiga.

Y aprueba.

Tomado de imágenes de Google

………………………

Elena, hija, ¿de verdad vas a irte a vivir sola… y a una residencia además? ¿Estás segura de que quieres estudiar en esa ciudad? la madre no oculta el nerviosismo.

Mamá, de verdad, va a ir todo bien Elena intenta tranquilizarla.

Claro que sí, mujer interviene el padre, dando una palmada en el hombro de Elena. Mira qué hija tenemos: ha elegido carrera e universidad ella solita, ha preparado todo Ole por ella.

Es que siempre estaba con Andrés y eso me tranquilizaba dice la madre, algo triste.

Andrés no puede estar con ella todo el tiempo responde el padre. Elena tiene que hacer su vida.

Sí, lo entiendo Por cierto, Elena, ¿te acuerdas de la tía Marisa? Tiene una hija más o menos de tu edad, ¿te acuerdas? El marido trabajaba en el extranjero.

Sí… me suena, dice Elena sin tener realmente ninguna imagen.

Han vuelto hace poco y viven en la misma ciudad donde estudiarás. ¿Por qué no les escribo y te pasas algún día a saludar o incluso te quedas unos días en su casa? Marisa es mi prima.

Mamá, por favor, no niega Elena. Ni para ellos ni para mí sería cómodo.

¿Y si buscamos piso y vemos si podemos ayudarte a pagarlo? insiste la madre.

No mamá, de verdad suspira Elena. Sé que sería un esfuerzo muy grande para vosotros. No os preocupéis, mucha gente ha vivido en residencia estudiando, y aquí estoy yo. Lo superaremos.

……………………….

Sergio observa por la ventana a los estudiantes que corren hacia sus clases.

¿Qué tal las novatas? ¿Alguna interesante? pregunta a Álex, su compañero.

Siempre hay muchas.

Seguro que ya te has presentado a las más guapas, ¿no? ríe Sergio. Venga, ¿cuéntame!

Alguna sí responde Álex con media sonrisa. Tendrías que aparecer más por aquí.

¿Celoso? Sergio bosteza. Ya sabes que aquí vengo sólo a firmar.

¿Y qué, todas cayeron a tus encantos?

No todas Álex niega con la cabeza. Algunas tienen novio, a otras simplemente no les gusto.

Vaya, vaya Ya me gustaría ver quiénes fueron. Igual yo lo consigo bromea Sergio.

Eres incorregible, Sergio. ¿De verdad quieres demostrar que eres mejor que yo y, de paso, arruinarle la vida a las chicas? ¿Para qué?

Para que aprendan a valorar lo que tienen, o mejor dicho, a quien tienen al lado. Hablo de las que tienen pareja. Y las que te han dicho que no… bueno, quiero que me digan a mí sí. Quiero superarte.

En fin, paso de ti Álex se aleja. Nos vemos en la comida.

…………………….

A la hora de comer, los chicos se sientan juntos con sus bandejas en el comedor.

Venga, cuéntame insiste Sergio. Álex le habla de algunas chicas que conoce.

De repente, entra una chica preciosa, que parece flotar sobre el suelo.

¿Y esa quién es? pregunta Sergio.

Es… es Elena dice Álex, en tono diferente.

Sergio le observa.

¿Te gusta? le pregunta. ¿Y ella? ¿Te ha dicho que sí?

Sí, me gusta mucho. Pero no le intereso. No soy su tipo. Aunque creo que está muy centrada en sus estudios, más que en cualquier otra cosa.

¿En los estudios? Ya veo. ¿Has averiguado algo de su familia? ¿Dónde vive?

En la residencia.

¿En la residencia? ¡Entonces vaya! Una chica de residencia y te rechaza. ¿Sabe siquiera que tienes dinero y le podrías ayudar con los exámenes?

No le interesa el dinero. Y lo de los exámenes, ya te lo dije: ella quiere aprobar por méritos propios. No quiere atajos.

Sergio se queda callado, mirando a esa chica tan misteriosa que, según Álex, sólo piensa en estudiar.

A que apuestes a que la consigo suelta Sergio al final.

No, Sergio. Te lo pido, por favor, déjala en paz responde Álex cortante.

Vale, vale lo que tú digas sonríe Sergio, pero ya sabe que va a intentarlo.

………………

Elena regresa despacio a la residencia. En realidad, le gusta bastante su vida. Comparte cuarto con otras dos chicas, se cocina ella misma y la ducha es compartida, sí, pero nada que no pueda sobrellevar. Lo importante es que está en la universidad y que, si se esfuerza en las notas, puede conseguir una beca y quizás un trabajo como becaria.

¡Eh, guapa!

Un chico de aspecto desaliñado la agarra del brazo.

¡Ven conmigo!

Elena se queda paralizada. El chico la arrastra y, aunque intenta resistirse, camina sin querer.

¡Suéltame! intenta gritar Elena, aunque apenas le sale un susurro.

El chico se ríe y la sigue arrastrando.

¿Todo bien? pregunta otro joven cortando el paso.

¡No, no le conozco!

¡Es mi mujer! dice el primero, enfadado.

¿Cómo lo demuestras? pregunta el chico que interviene.

El bruto vacila, afloja la presión y Elena consigue zafarse y echar a correr hacia la residencia.

“Soy tonta, Andrés me lo ha dicho mil veces, debería llevar un spray de defensa,” piensa Elena.

El spray no te servirá oye una voz a su lado y ve que el chico que ha intervenido corre junto a ella.

Elena se detiene y mira alrededor.

Todo bien sonríe él. ¿Te acompaño?

Sí, por favor.

¿Y me invitas a un té?

Vale responde Elena.

Entonces, ¿te apetece que paremos en la cafetería de la esquina?

Elena asiente.

Por cierto, ¿cómo te llamas? Yo soy Sergio.

Elena.

Un placer.

…………………..

El tiempo pasa y Elena y Sergio empiezan a salir juntos. Elena lo vive con seriedad; está convencida de que todo va en serio y hasta imagina el momento de conocer a sus padres y quizá, pronto, comprometerse.

¡Uf, quién puede soportar el olor a lentejas! nada más entrar en la habitación, Elena se ve casi tumbada por el olor. “Qué raro, antes no me molestaba”, piensa.

Pues si tanto te molesta, hazte un test de embarazo le dice una compañera.

¿Por qué un test?

Porque si ahora percibes los olores así, igual tu cuerpo está cambiando. O embarazo, o locura y esto último es más fácil de comprobar.

Elena la mira frunciendo el ceño, pero sale apresurada, porque el olor la revuelve.

………………

Elena está sentada con Sergio.

Mira, ha pasado sin querer, la verdad pensábamos esperar explica, incómoda, intentando que Sergio reciba la noticia positivamente.

Vaya, ¿cuántas semanas? pregunta Sergio.

Once semanas responde Elena, abochornada porque con tanto estudio y amor se ha despistado del propio cuerpo.

Genial. ¿Y qué dice el médico?

Todo bien

Entonces, mira, me tengo que ir de viaje dos semanas. Cuando vuelva, te mudas conmigo. ¿De acuerdo?

¡De acuerdo! Elena se siente la chica más feliz del mundo.

Ya está dicho.

Pero cuando pasan esas dos semanas, la historia toma otro rumbo. Sergio le llama y le dice que ya no quiere seguir, que el hijo seguramente no es suyo y que puede hacer lo que quiera. Elena intenta buscarle, pero la casa donde él vivía no es suya y ha desaparecido. El móvil y la tarjeta SIM, ya no sirven.

…………………..

¿Y ahora qué vas a hacer? le pregunta su compañera en la entrada de clase.

No sé Creo que pediré una excedencia. No tengo otra opción. Hoy pregunto en secretaría cómo hacerlo responde Elena con resignación.

Pero hay otras opciones le sugiere su amiga, con mirada significativa.

No, no niega Elena. Primero, ya no estoy a tiempo, y segundo, no podría hacer lo que insinúas.

Suena la campana y todos entran. Elena coge su bolso y entra también.

¡Hola! la saluda un chico que la había intentado conquistar cuando ella acababa de llegar a la uni.

¡Hola! responde Elena, buscando en su memoria el nombre.

¿Cómo lo llevas?

Bien dice Elena, aunque por dentro se viene abajo.

¿Bien? Si estás embarazada, te han dejado y dices que estás “bien” el chico sonríe con cierta malicia.

¿Y tú cómo lo sabes? Elena lo mira, ya recuerda que es Alejandro.

Sé lo de Sergio.

Ya veo piensa Elena mientras le pone nombre al tipo. Alejandro.

Y me alegro de que te haya salido así. Fíjate, me dijiste que sólo pensabas en estudiar, y bastó que Sergio hiciese de héroe una vez para caigas en sus brazos. Y con el bebé… lo tendrás y siempre recordarás tu error. Ja, ja, ja. Además, ¿sabes qué? Fui yo el que provocó que Sergio se te acercara. Me apetecía ver cómo caías.

¿Así que esto ha sido tu venganza por decirte que no? ¿Ahora vas a vengarte de todas? Me das lástima.

Elena echa a correr, pero Alejandro la alcanza y la agarra.

Espera, no he terminado. Además, Sergio se ha casado ríe. Con otra tonta que cree en el amor.

¿Casado? ¡No me lo creo! exclama Elena.

Mira le enseña el móvil con las fotos de la boda en la red social de la chica. Es Sergio. No hay dudas.

Alejandro se ríe a carcajadas. Elena se siente humillada y destrozada. Se arrepiente de haber cambiado de ciudad y de carrera.

La familia de ella tiene dinero. Él les va a engañar. Ya lo verás.

Elena se recompone:

No me importa. Un día, la vida os devolverá lo que hacéis.

Sí, sí. Sueña lo que quieras.

Elena se va, cabeza alta.

…………………..

Elena está en su cuarto, sin salir apenas.

Elena, así no puedes seguir más le dicen sus compañeras. Tienes que seguir adelante.

Elena asiente.

Sí, tengo que… Pero ¿cómo volver a confiar en la gente?

Mira, deberías comer y volver a clase. Tu hijo te necesita y necesitas terminar el año.

Elena sabe que llevan razón, pero no tiene fuerzas.

No puedo dice.

Se miran entre ellas.

Oye, dijiste que Sergio se casó. ¿Por qué no contactas con esa chica y le cuentas tu historia?

Elena suspira.

No me va a escuchar. Está ciega de amor. Además, ¿para qué? No cambiaría nada en mi vida.

Bueno, haz lo que quieras ¿Vas a clase?

No, ¡dejadme en paz!

Las compañeras se van y Elena busca en redes el perfil de la chica, pero después aparta el móvil y empieza a prepararse para ir a clase.

………………….

Elena no sabe ni cómo aprueba los exámenes.

Madre mía, hermanita, ¡te has lucido! Andrés la recoge en la residencia para llevarla a casa. Ni nos has dicho nada. A ver cómo se lo cuentan los padres.

Andrés, tengo miedo, pero es lo que hay. Al menos tiene ventajas dice Elena, nerviosa.

¿Ventajas? Cuéntame alguna.

Mira, con 19 años ya tengo un hijo. Así, cuando trabaje, no volveré a quedarme embarazada. Además, mi hijo será mayor y no se pondrá malo tan a menudo. Y encima, tendré que mantener el empleo para poder cuidarle. Lo más importante: un hijo es la mejor manera de conocer a tus futuras parejas.

Andrés se ríe.

Me alegro de que no pierdas el ánimo, hermana. Todo irá bien, y siempre te apoyaré.

…………………….

En casa les esperan la tía Marisa y su marido, así que los padres de Elena evitan conversaciones incómodas.

Mira nuestra hija, se ha casado hace poco presume la tía Marisa, enseñándole a Elena fotos en el móvil. Elena mira de soslayo y casi lo deja, pero al fijarse en las fotos reconoce a Sergio.

“¡Vaya!”, piensa Elena. Resulta que Sergio es yerno de su tía, aunque no sea una familiar muy cercana.

Pues no sé cuánto durará el matrimonio comenta el marido. Se nota que él no está por amor. A ver si cree que se va a aprovechar de nosotros… No lo consentiremos.

Elena sonríe. No sabe si hará algo con esa información, pero está segura de que, al final, todo vuelve. Quien daña, antes o después, paga las consecuencias.

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