Crecida en un pequeño pueblo de Castilla, Lucía siempre ha sido una chica común, sin habilidades especiales, y su madre nunca ha tenido grandes expectativas sobre su futuro. Su madre solía decirle: “Cuando termines el instituto, trabajarás de lechera o de dependienta en la tienda del pueblo. Aquí no hay nada más para ti”.
Pero Lucía desafía los pronósticos y, al acabar cuarto de la ESO, se queda embarazada de un chico un año mayor que ella. Las familias de ambos jóvenes se reúnen y deciden que el nieto vivirá con la abuela paterna, ya que Lucía no se siente capaz de ser madre todavía y su madre no puede apoyarla económicamente. Tras dar a luz, la vida de Lucía da un giro inesperado: deja el pueblo y se matricula en una escuela de arte en Salamanca, decidida a convertirse en artista. Tiene la creatividad y las ganas. Disfruta de la vida urbana, saliendo a bailar los fines de semana, yendo al cine y perdiéndose por las tiendas, lejos del trabajo duro del pueblo, de labrar la huerta, acarrear agua o encender la chimenea.
Lucía decide quedarse en la ciudad, sobre todo porque empieza a ganar un sueldo razonable vendiendo sus cuadros. En el último año de carrera, vuelve a quedarse embarazada. Aunque se plantea abortar, acaba teniendo a su segundo hijo. Su pareja le ofrece una habitación en la casa familiar, pero, al ser tan complicado criar a un niño pequeño mientras estudia, decide enviar temporalmente a su hijo a casa de su madre en el pueblo.
Poco después, la madre de Lucía fallece, lo que la obliga a llevarse definitivamente al niño con ella a la ciudad. Con el paso de los años, la salud de Lucía se va resintiendo cada vez más rápido. En ese momento, recuerda a su hijo mayor, que ya es adulto y le va bien en Valladolid. Lucía comienza a pedirle ayuda económica para medicamentos y comida, usando el chantaje emocional de la culpa y el remordimiento. Al no poder soportar tal presión, su hijo mayor la invita a trasladarse a su ciudad para cuidarla mejor.
Mientras Lucía organiza su mudanza, el padre de su segundo hijo le pide que deje al niño con él, prometiéndole que lo cuidará bien y le dará una buena vida. Al principio, a Lucía le da igual, convencida de que él no sabe ser padre, pero finalmente accede y le deja la custodia del niño, esperando que cumpla con su palabra.







