Cuando entré en la cafetería donde siempre nos reuníamos al salir del trabajo, vi sobre la mesa una pequeña foto… la misma foto que había regalado a mi mejor amigo hace años.

Cuando entro en la cafetería donde solemos quedar siempre después del trabajo, veo sobre la mesa una pequeña fotografía… la misma que regalé a mi mejor amigo hace años.

Al principio creo que es una simple coincidencia. La foto es de unas antiguas vacaciones de veranosale mi exmujer y yo, sonriendo en la playa. Se la di a mi amigo tras la separación, porque fue él quien más me apoyó entonces.

Pero la fotografía está justo en nuestra mesa de siempre.
Y está partida por la mitad.

Me siento lentamente y la cojo en la mano. La parte en la que salgo yo sigue ahí. La de ella ha desaparecido.

Justo en ese momento, alguien se detiene frente a la mesa.
Levanto la mirada.
Es mi amigo.
Parece inquieto.

¿Lo has visto? susurra.
¿El qué se supone que debería haber visto?
Señala la foto en mi mano.
Es de parte de ella.

El corazón me da un vuelco.
¿De quién?
Él tarda un segundo en contestar.

En ese momento, la puerta de la cafetería se abre.
Y entra ella.
Mi exmujer.
Hacía más de un año que no la veía.

Se detiene al verme, luego mira a mi amigo.
De repente lo entiendo.
Miro entre los dos.

¿Cuánto tiempo? pregunto.
Nadie responde.
El silencio basta.

Aprieto la foto entre los dedos.
Así que por esto desapareciste tras el divorcio.

Mi amigo suspira.
No queríamos que ocurriera así.
¿Ah, no?

Mi exmujer se acerca a la mesa.
Queríamos contártelo.
¿Cuándo? pregunto ¿Dentro de otro año?
Ella baja la mirada.

No queríamos hacerte daño.

Miro a mi amigo.
Ese hombre que estuvo a mi lado en la boda.
El que recogió mis pedazos tras la separación.

¿Sabías que sigo intentando rehacer mi vida? pregunto.
Asiente despacio.
Sí.

Entonces suelto una carcajada seca.
Así que habéis elegido este momento.

Mi exmujer señala la fotografía.
Por eso la devolví.

Vuelvo a mirar la foto rota.
¿Por qué?
Porque esa parte ya no existe.

Esas palabras me golpean con fuerza.
Me levanto.

Dejo la mitad de la foto sobre la mesa, pero hago algo que no esperan:
Coloco la parte que falta hacia ellos.
Quedaos con ella.

Ambos me miran sorprendidos.

¿Por qué? pregunta mi amigo.

Los miro tranquilo.
Porque parece que esta parte de mi vida ahora es vuestra.

Camino hacia la puerta de la cafetería.
Cuando llego al umbral, me giro una última vez.
Ellos están ahí, junto a la mesa, mirando la foto rota.

Más tarde esa misma noche me entero de algo curioso.
Ellos ya no están juntos.
Porque tras nuestra conversación, mi amigo descubrió que no era el único con quien ella salía.

A veces el destino es rápido, mucho más de lo que uno espera.
Pero, sinceramente, aún me pregunto

¿Hice bien simplemente marchándome y dejándoles a solas con la verdad?
O tal vez, simplemente, sigo sin saber si fui ingenuo, o si ambos simplemente resultaron ser mejores mentirosos.

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Cuando entré en la cafetería donde siempre nos reuníamos al salir del trabajo, vi sobre la mesa una pequeña foto… la misma foto que había regalado a mi mejor amigo hace años.
La Broma