“A medida que envejecemos, nos volvemos demasiado perezosos para bañarnos”. – Sobre mi conversación con una mujer de 70 años

A medida que envejeces, a veces la pereza te invade y hasta lavarte parece un reto…

Esta historia la escucho con frecuencia, en reuniones familiares, en bancos de parques madrileños cuando charlan los mayores. No la contradigo, simplemente la relato.

Es cierto que al hacerse mayor, muchas cosas sencillamente cuestan más: levantarse al alba, cepillarse los dientes una vez más, preparar un desayuno de verdad, poner la lavadora… Nos volvemos cómodos para todo. Nos falta ese ímpetu de los años jóvenes.

Pero hay ciertas costumbres y normas que debemos seguir, nos guste o no. No tenemos derecho a dejar de asearnos, no debemos esquivar el lavado de cara, los dientes, ni descuidar la ropa. ¿Por qué? Porque vivimos en sociedad, obedeciendo sus reglas y conviviendo con otros.

No hace falta que la ropa sea la última moda de la Gran Vía, lo esencial es que esté limpia y sin ese olor inconfundible a sudor, ni huellas de que llevamos la chaqueta puesta desde San Isidro. El pelo puede estar encanecido; gastar los euros de la pensión en tinte no merece la pena. Un champú sencillo, del supermercado de barrio, ya cumple su función. Así que el pelo hay que lavarlo, no hay excusa. Y el rostro igual. El maquillaje y las pinturas pueden quedar para otras etapas, pero la limpieza de la piel es imprescindible.

En las manos, una crema que hidrate, bajo las axilas el desodorante más barato del mercado, y para los zapatos un poco de bicarbonato, que absorba cualquier olor. Si el cuerpo desprende algún aroma desagradable, ahí está el bicarbonato de toda la vida, remedio de abuela.

Desde este punto de vista, el dilema no es para tanto. Nos justificamos, diciendo que el mal olor, físico y hasta moral, viene porque somos mayores, pensionistas o no nos llega la pensión, pero no se necesitan muchos euros para mantener la limpieza.

Así que, sea cual sea tu edad, nunca pierdas tu dignidad, cuida de ti y da ejemplo. Eso me enseñaron mis padres y es lo que pienso: ser limpio y cuidar tu aspecto es respetar a los demás y a ti mismo. Y esa es la verdadera cuestión de fondo.

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