Mira, te cuento lo que me ha pasado, porque esto ya no es normal Mi suegra, Pilar, es súper protectora con su hijo, Sergio. Todos los días durante las vacaciones, Sergio pasa por casa de su madre en Madrid para comer allí. ¡Que cada día le manda mensajes, eh! Si tiene cualquier problema, lo primero que hace es llamar a su madre y, si necesita dinero, es lo mismo, va directamente a ella.
Pues hoy llego del trabajo y, nada más abrir la puerta, me encuentro a Pilar en casa con una maleta llena de cosas y libros.
Buenas tardes, Pilar le digo, intentando no parecer demasiado sorprendida. ¿Qué haces con esa maleta?
He decidido quedarme aquí una semana para ayudarte con la casa, el niño, y tu marido. Al fin y al cabo, tienes que alimentar bien a Sergio. Y sé que con tu trabajo no siempre tienes tiempo para todo, ¿no?, hija me contesta, como si fuera lo más normal del mundo.
Bueno, como te imaginas, Pilar es una mujer bastante mandona y peculiar. Yo no me puse a discutir con ella ni a justificarme, fui a hablar con Sergio y le planteé lo que estaba pasando. La reacción de Sergio… ¡no me lo podía creer!
Oye, ¿cómo que tu madre se ha instalado aquí una semana sin preguntar si nos parecía bien? Dice que no sabes llevar la casa
Mira, por mí no hay problema me responde él sin inmutarse . Déjala, mujer. Pero entonces que mi madre también pueda quedarse cuando quiera, ¿o es que la tuya es menos? Cuando tu madre ha estado aquí una semana, yo no he dicho ni mu. ¿Por qué con la mía es distinto?
Vamos a ver, Sergio le digo . Mi madre vive en Valencia y viene una o dos veces al año. No la voy a mandar a un hotel cuando viene. Pero la tuya vive aquí al lado y está en casa casi todos los días
Y lo que menos me apetece es que Pilar ande por nuestra casa cuando yo no estoy, metiéndose en todo y curioseando en nuestros cajones y armarios.
Sergio está acostumbrado a las atenciones de su madre Que tendrá ya sus canas, pero Pilar sigue llevándole caldito de cocido, y si puede le limpia hasta las gafas. Llevamos años con la eterna discusión de que mi suegra no lo deja volar solo. A mí me molesta que Sergio siga tan atado a su madre, y Pilar se pica porque cree que yo no cuido suficientemente bien de su niño. Siempre tiene algún consejito sobre cómo debería vivir, qué hacer o cómo tratar a Sergio.
Cuando nos casamos, Pilar venía cada día, lavaba los calcetines de Sergio y esperaba a que volviera de trabajar con la cena lista. ¡A esas alturas yo ya estaba harta! Hablé claro con Sergio, él habló con Pilar, y al final consiguió reducir las visitas a dos o tres por semana. Pero cuando nació nuestro hijo, volvió a venir casi a diario.
Ahora mismo, te juro que estoy pensando en buscarme un piso yo sola y mudarme si Pilar va a ser quien mande en casa. Se lo he dicho a Sergio. Si tu madre pone aquí la tienda, yo me voy.
¡Pero si Pilar solo quiere ayudar! me dice él, ya mosqueado.
¿Y te has parado a pensar si yo quiero esa ayuda?







