Mira, te voy a contar lo que le pasó a Lucía, porque de verdad, menudo cuadro le tocó vivir. De primeras, Lucía estaba hasta el moño de hacerlo absolutamente todo en casa. Vamos, que sentía que no podía con más responsabilidades encima. Su marido, Sergio, pues como siempre, se hacía el sueco, pensando que si ignoraba el problema, acabaría desapareciendo por arte de magia. Spoiler: nunca desaparecía, siempre era Lucía la que daba el callo.
Ella tenía la suerte o la desgracia de poder trabajar desde casa, diseñadora gráfica, con su portátil y libre total de horarios. Al principio no ganaba mucho, pero supo reinventarse, se formó más y, claro, empezó a pagarse bastante mejor; tanto que llegó a cobrar casi el doble que su marido. Gracias a su sueldo pagaban el préstamo del coche, las vacaciones, electrodomésticos, ropa… En fin, casi todo. Luego vino el embarazo, pero Lucía no se paró ni un segundo. Trabajó hasta el último día, lo que podía, porque no quería perder esa independencia económica.
Cuando el peque, Pablo, empezó la guardería la cosa aflojó un poco, aunque ya sabes cómo somos, en cuanto Lucía se vio con un poco más de tiempo se volcó de nuevo con el curro. Eso sí, la guardería era privada y la había elegido con un mimo… Quería lo mejor para su hijo, y su marido, pues como siempre, le daba manga ancha y se despreocupaba.
Vivían en el piso que Lucía había heredado de su abuela, allí en Salamanca. Sergio nunca tuvo su piso; vivía antes con su madre, Carmen Valverde, y su sobrina Lara, que era huérfana porque la hermana mayor de Sergio falleció de enfermedad hacía tres años. Eso dejó a Carmen, su suegra, bastante tocada de salud, con la tensión siempre por las nubes.
Cuando Sergio se casó y se mudó, su sobrina ya era universitaria y apenas pisaba por casa; se lo pasaba pipa con las amigas, viajes, su novio de turno, vamos, que su ritmo era otro. Pero claro, todas las necesidades y problemas de Carmen recaían sobre Lucía, porque de los otros ni noticias. Eso sí, para ayudar a Lara nunca faltaba el dinero; porque era la nieta huérfana y Carmen no le negaba nada. El pasado de la hija era un tema tabú y, sinceramente, Lucía entendía el porqué.
El tema es que todo fue más o menos bien hasta que Carmen acabó ingresada en el hospital tras un ataque brutal de hipertensión. La dejaron hecha polvo, y aunque algo mejoró, volvió a casa en silla de ruedas y sin perspectivas de mejora. ¿Y a quién le tocó encargarse? A Lucía, evidentemente. Sergio ni se lo planteó: Estas cosas las llevan mejor las mujeres, dijo, tan tranquilo. Vamos, que Lucía alucinaba.
Lucía no aguantaba especialmente a su suegra. Al principio chocaban mucho, pero acabaron, con el tiempo, firmando una especie de tregua diplomática; convivir apenas y aguantar solo lo justo. Pero ahora, todos esperaban que fuera Lucía la que arreglara el marrón. Como trabajaba desde casa, se suponía que podía ir y venir cuando hiciera falta, mientras que a Sergio no le dejaban salir del trabajo. Decidieron que se mudarían unos meses a casa de Carmen para cuidarla.
Y a partir de ahí, te lo juro, Lucía se volvió una sombra. Entre el trabajo, los cuidados a la suegra, los purés, las medicinas, darle la vuelta en la cama, lavarla Un estrés constante. Lara, la sobrina, ni se asomaba. Siempre encontraba excusas: que la facultad, que se iba por ahí, que tenía planes Su marido también lavándose las manos: He ido al súper, ¿qué más quieres?
La señora Carmen no mejoraba, estaba de mal humor, protestona, incluso decía cosas que antes nunca hubiera dicho. Lucía se enteraba cada día de todo lo que hacía mal. Que si había tenido suerte con la educación, que menudo chollo trabajar desde casa y ganar un buen sueldo sin moverse de la silla Mientras su hijo Sergio, pobrecito, nunca tuvo una oportunidad: malos profesores, no entró en la universidad hasta tarde y a base de suspensos… y siempre ella poniéndole parches y pidiendo créditos para que el niño estudiase de pago. Que por supuesto, tampoco aprovechó mucho, y todo era culpa de los profesores y, cómo no, la mala suerte.
Lucía ya no podía más. Se planteó contratar a alguien para que cuidara de la suegra e irse a su propia casa con su hijo. Sergio, claro, ni de broma. Una cuidadora, ¿tú sabes lo que cuesta eso? Yo no llego, y si la quieres, la pagas tú. Siempre fue así: él pagaba los gastos de casa y la comida básica, lo demás recaía en Lucía. Vamos, que estaba quemadísima: ¡¿Qué soy, la burra de carga de todos?!.
Hasta que un día no pudo más. Le dijo a la suegra que iba al súper, cogió a Pablo de la guardería y se fue directa a su piso. Se tumbó en la cama, miró al techo y sintió por primera vez en mucho tiempo que estaba en casa, de verdad. Llamó a Pablo a cenar, comieron tranquilos y, aunque sabía que en casa de Carmen estarían buscándola ya, le dio igual. Había dejado por escrito a Sergio que no podía más, que se iba, y le deseó a Carmen mucha recuperación, pidiendo que no le guardaran rencor.
Por supuesto, apagó el móvil.
Sergio fue corriendo esa misma noche, pero Lucía ni le dejó entrar. Le habló por la puerta, no había nada de lo que hablar. A él no le preocupaba ni Lucía, ni el niño, ni su relación; sólo le obsesionaba cómo se iba a apañar él sin ella. Lucía le soltó: Vas a tener que buscar una cuidadora, te lo digo. Lo hacen mil veces mejor que yo, créeme. Y por cierto, pido el divorcio. No pienso seguir aquí de mula de carga.
Al final, pues divorcio y listo.
A Carmen la cuidó muy bien una profesional. Mejoró mucho, de hecho. Para pagarla, Sergio se buscó otro trabajo (¡anda que no podía antes!), y Lara, la desaparecida, resultó que sí que era capaz de ayudar cuando tocaba. Ésta le cocinó, le dio la medicación, la cuidó Todo bien.
Lucía, por fin libre, volvió a encargarse sólo de su vida y de su hijo. Nada cambió, pero todo fue distinto. Menos preocupaciones, más salud mental, y una lección bien aprendida: hay que bajarse a tiempo a la gente que no aporta nada. Y todos salieron ganando, la verdad; hasta Carmen, que con la cuidadora y sus ejercicios de rehabilitación, acabó mejorando un montón.
Moraleja: a veces hay que soltar el lastre, y punto.







