Durante cinco años creyó que convivía con su pareja, pero en realidad estaba casada con su madre

Mira, te cuento la historia de Martina, que era de un pueblo pequeño de Castilla. Fue allí donde Cupido hizo de las suyas y Martina se enamoró perdidamente de Javier, y él de ella. Al final, decidieron escapar de su tierra natal y le dijeron a sus familias que se irían a Madrid para juntar dinero para la celebración de la boda. Y sí, realmente se fueron a trabajar, pero después optaron por no gastar nada en el banquete nupcial.

Estaban ya cansados de la juventud de la capital, que va a sus propias bodas en zapatillas y vaqueros, acepta regalos solo en euros y en vez de hacer una gran comida, organiza un picoteo informal, o incluso se apañan con una celebración virtual, y acaban gastando los regalos en la entrada del piso.

Así fue como lo hicieron Martina y Javier. Aunque sus madres, cuando volvieron de visita al pueblo, les montaron un pequeño banquete. Y en Madrid, no tenían apenas amigos ni conocidos. Pero esto no es lo importante, te lo cuento solo para que te hagas una idea de cómo son ellos y te imagines qué carácter tienen…

Han pasado cinco años desde la boda. La pareja decidió tomarse su tiempo antes de tener hijos, porque andan pagando juntos la hipoteca. La madre de Martina era una mujer luchadora, que la crió sola, y cada vez que hablaban por teléfono le recordaba que quería ser abuela ya. Pero Martina sabía que si vivían juntas, no durarían ni dos días; no había prisa, por eso se tomaban con calma el tema de los niños.

Y, claro, Martina empezó a sentir esas pequeñas molestias hacia Javier, las de siempre, pero la diferencia es que antes podía pasar página. Me llamó:

Oye, él habla por teléfono con otros durante siglos, pero conmigo hola-adiós y poco más
Bueno, cuando llegue a casa después del curro, ya hablaréis.
Yo quiero ver una peli tranquila de amor después del trabajo, y él solo se pone a ver películas de miedo.
¿Cuántas teles tenéis? Ahora puedes ver pelis en el ordenador con cascos, pero eso no es vida familiar, si estáis juntos pero cada uno en su mundo.
¡Eso es justo lo que pienso! ¡Javier no me entiende!
Vaya, esa es una queja original.
¿Por qué te ríes?
Vale, ya no lo hago.
Martina, ¿cuándo lo pasáis bien juntos?
Cuando nos vamos de vacaciones o viene gente a casa Es súper atento esos días

Estuvimos charlando casi una hora. Me contó cómo se conocieron y cómo era la envidia de todas las chicas. Entendí que el problema era que Martina tenía esa necesidad de lucirse delante de otros y en Madrid no tenía nadie ante quien presumir. Ese era el primer asunto, y el segundo…

Martina, ¿cómo imaginas el matrimonio perfecto?
Siempre con hijos.
Eso suele decirse, pero después de tener hijos muchos matrimonios se van al traste
Mi pareja tiene que estar interesada en cómo estoy, en mi estado de ánimo, en mi trabajo Que pueda opinar sobre mi ropa y que halague mi comida
¿Nunca lo hace?
Dice que está bueno, pero para mí, eso no me basta.
Cuéntame Él llega a casa, tú le preparas la cena, y luego Por ejemplo, le pones unas croquetas y una tortilla, y él
Frota las manos y sonríe.
¡Pues eso es también un cumplido! Imagina que te aparta el plato y te dice de malas maneras que no tiene hambre

Martina se quedó callada; no creo que entendiera del todo el fondo de su queja. Pero, sí, estaba molesta con su marido. Lo que le faltaba yo ya lo tenía claro. Para confirmar mis sospechas le pregunté por su relación con su madre.

Me contó que su madre era muy emocional. Siempre la agobiaba con preguntas y cuando algo iba mal, la animaba y le decía que todo iba a salir bien.

Hay gente que dice que nos casamos con alguien como nuestros padres o con quien nos da mucho cariño. Martina nunca tuvo padre, así que ni se planteaba que no todo el mundo sabe expresar emociones a lo grande.

Le dije entonces a Martina que, en realidad, llevaba casada cinco años con su madre, y esperaba que Javier tuviera el mismo comportamiento. Al principio le chocó, pero pensándolo lo aceptó.

¿Cómo me divorcio de mi madre entonces?
Súper fácil. Cada vez que te sientas dolida, imagina que Javier no tiene nada que ver, porque la que está ahí es tu madre, tan cuidadosa. Y él no puede competir con eso.
¿Solo así?
Solo así. Y ya verás que las molestias desaparecen solas.

Así que nada, si alguna vez te encuentras con algo parecido, acuérdate de esto.

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