Nadie podría haber imaginado que un pequeño tatuaje maldito acabaría provocando una ruptura en toda una familia española.

Mira, te cuento lo que ha pasado en casa de Lucía con su hija, Inés, que por el cumpleaños le regalaron un tatuaje de mariposa en la muñeca. Lo que parecía un detalle inocente, al final ha montado un lío familiar que no veas. A la pobre Inés, que llevaba mucho tiempo soñando con hacerse un tatuaje, se le vino todo encima de golpe: la abuela Carmen casi le da un soponcio y empezó a obsesionarse con cómo podía ayudar a su nieta a librarse de esa mancha. Como te puedes imaginar, los amigos de Lucía solo hicieron que avivar el fuego, diciéndole que igual la expulsaban de la universidad, que encontrar trabajo iba a ser misión imposible, o que así no iba a encontrar nunca al príncipe azul.

Carmen, la abuela, le echó en cara a Lucía y a su marido que permitiesen semejante locura, y cuestionó su criterio por no consultarla antes de llevar a Inés al estudio de tatuajes. Pero los padres de Inés, la verdad, no le vieron el mayor problema a un tatuaje tan discreto. Al fin y al cabo, la niña ya tiene dieciocho años, y la consideran suficientemente madura para tomar sus propias decisiones. Están más que orgullosos de lo bien que le va en la universidad y pensaron que se merecía cumplir ese pequeño sueño que llevaba tiempo persiguiendo.

Claro que hay que entender también que Carmen es de otra época; para ella los tatuajes están asociados a cosas de cárcel o macarras, y no los soporta. Lucía y su marido trataron de explicarle que ahora la gente ve los tatuajes como una manera más de expresar quién eres, no como algo propio de delincuentes. Todo este debate entre lo antiguo y lo moderno ha dejado clarísimo lo mucho que han cambiado las mentalidades con los años.

Al final, los padres de Inés están contentos de que su hija esté feliz con su regalo de cumpleaños, mientras que Carmen sigue intentando encajar las nuevas costumbres. La gran pregunta que ha quedado en el aire es si los padres deberían haber impedido a Inés hacerse el tatuaje. Al final, es algo muy personal, y la respuesta depende mucho de los valores de cada familia y de la generación a la que pertenezcas. Hay quien dice que los padres deberían tener más voz en este tipo de decisiones, sobre todo cuando los chavales aún son jóvenes y pueden dejarse llevar por impulsos. Otros piensan que, al llegar la mayoría de edad, cada uno debe ser libre para equivocarse o acertar a su modo, aunque eso implique romper alguna tradición familiar. ¿Tú qué opinas?

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Nadie podría haber imaginado que un pequeño tatuaje maldito acabaría provocando una ruptura en toda una familia española.
—¡Mamá, nos hemos divertido en nuestra casa de campo y vuelve ya!, — la nuera echó a la suegra de su propia parcelaLa suegra, furiosa, se marchó a la ciudad jurando no volver jamás.