El cristal trasero del coche estaba hecho añicos y el vehículo había quedado volcado, boca abajo, sobre el asfalto. Yo estaba consciente, pero era incapaz de mover las piernas.
María Ángeles descubriría más tarde que, como consecuencia del accidente, tenía la pelvis rota en tres partes.
De repente, un coche apareció en la carretera. Los faros iluminaron el rostro de María Ángeles mientras ella hacía gestos desesperados para pedir auxilio. Apenas pudo gritar que estaba herida antes de perder el conocimiento por completo. El conductor del coche la vio y frenó de inmediato. Salió corriendo, casi tropezando, y se acercó a comprobar si estaba bien.
María Ángeles ya había perdido la conciencia, pero el desconocido pudo observar que sangraba profusamente por la cabeza y los brazos. Sacó el móvil y marcó el 112 sin dudar, quedándose junto a ella hasta que llegó la ambulancia. Gracias a la rápida reacción de aquel hombre, María Ángeles sobrevivió a esa noche aterradora.
No sabría decir cuánto tiempo estuve inconsciente antes de volver a despertar, pero recuerdo que al hacerlo sentí una presencia abrumadora. Una mujer, Carmen Luján, paseaba por un parque de Madrid con su perro, cuando de repente cayó desplomada al suelo.
Había sufrido un infarto y quedó inconsciente, mientras su mascota, un perro pastor llamado Rayo, permanecía a su lado sin moverse, velando por ella. No fue hasta varias horas más tarde que alguien se cruzó con ellos y avisó a una ambulancia. Para entonces, Carmen ya había fallecido.
El perro de un hombre, llamado Tomás Robles, se mantuvo fiel junto a él durante un coma de tres días, negándose a abandonar el hospital ni un solo instante. Este leal galgo, bautizado como Ciro, está siendo aclamado como héroe por demostrar, cuando más se necesitaba, que el perro es el mejor amigo del hombre.







