Mi hijo y mi marido no necesitaron a nuestra propia abuela.

Mira, hay algo que quiero contarte porque la verdad es que aún lo llevo dentro Verás, tanto mi marido, Javier, como yo, ya nos habíamos hecho a la idea de que no íbamos a tener hijos. Después de diez años de casados, ya casi lo habíamos asumido del todo, y de repente, la vida nos sorprendió: ¡me quedé embarazada!

Lo peor eran esos comentarios de mi suegra, Carmen, cuando estábamos con mis primas o algún tío Se reía y decía cosas como: Qué le vamos a hacer, parece que de Javier no tendremos nietos, ya que mi nuera no puede. Aun así, ella tenía ya una nieta, Lucía, la hija del hijo mayor, Carlos. Uf, cómo me dolía escuchar esas cosas, pero más de una vez tuve que tragar saliva y aguantar el tipo.

Y mira que Javier y yo nos queremos una barbaridad, él siempre ha estado a mi lado. Pasamos juntos por médicos, pruebas, noches de preocupación y hasta mis lágrimas en la almohada, pero el destino al final nos recompensó: ¡esperábamos un hijo!

El año pasado Lucía, la nieta de mi suegra, tuvo una niña, Ariana, y yo hace cuatro meses di a luz a un niño, Pablo. Los médicos siempre nos decían que no había ninguna razón para que no tuviéramos hijos, pero aun así, nos costaba creer de verdad que tras tanto tiempo, por fin nos llegara nuestro pequeño milagro.

Y luego en fin, mi suegra se comportó de una manera que todavía no termino de entender, sobre todo después de que nacieron Ariana y mi Pablo. Parece que sólo tiene ojos para su bisnieta, que si ha dicho tal palabra, que si le han salido más dientes, que si ya corre por toda la casa Cuando nos juntamos todos, solo habla de Ariana.

En cambio, a mi hijo, que tanto esperó, el primer hijo de Javier, es como si no existiera para ella, ni el primer día le hizo demasiado caso. No puedo entenderlo Durante diez años no hizo más que echarme en cara que no traje hijos a la familia, que en su casa todas las mujeres se quedan embarazadas rápido, y ahora, que por fin tenemos a Pablo, ni siquiera lo ha cogido en brazos.

Eso sí, a Ariana la viste con ropa carísima, le compra muñecas importadas y hasta le regaló una cadenita de oro por su primer cumpleaños. A Pablo, ni un simple peluche. No sé, me deja muy desconcertada todo esto Me duele, la verdad, pero intento centrarme en Javier, en Pablo y en la familia que hemos formado. Al final, yo sé lo que tenemos, y eso vale más que cualquier joya o reconocimiento.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

nineteen − seven =