—“A mi madre no le gusta el desorden, ya lo sabes.” “Pero a tu madre le encantan las reparaciones gratis”, respondió Sara.

Vamos a encargar papel pintado morado, le dijo el marido de Clara.
Ni cuenta te das que no pega nada con el suelo. Mejor beige…
Pues a mi madre no le gusta el beige, eso lo sabes.
Pero a tu madre lo que de verdad le gusta son las reformas gratis, contestó Clara medio en broma.

La madre de su marido había dejado caer alguna vez que estaría bien que le reformaran la casa. Clara no le dijo nada en su momento. Pero a su marido, Luis, la idea le pareció de lo más estupenda. Al fin y al cabo, era su madre. Clara no estaba muy por la labor, pero no lo comentó.

Al final, pensaba, no era cosa suya. Si él tenía que hacerlo, pues que lo hiciera. Que lo hiciera ella, si tanto quería. La suegra desde el primer momento dejaba claro que lo único que le importaba era el resultado. Ni gracias ni nada. Tan solo una lista interminable de deseos.
Clara, que esto no es una reforma gratis, ¡es una reforma que hace mi hijo! le aseguraba Luis.
Ya, claro.

Por supuesto. A su madre le chiflan las cosas regaladas, siempre lo decía Luis. Y si no le convencía algo, pues que lo repitieran. Clara tenía razón. Al final de todo, se terminó la obra y volvió la madre. Paseó la vista por el piso y soltó:

No me gusta nada. El papel no es como yo quería. La cocina tampoco, ¿qué es esto? ¿Y estos armarios? Todo está tan mal hecho que no tengo palabras. Me dan ganas de denunciaros.

¿Y a quién vas a denunciar, mamá? ¿A tu propio hijo que se ha dejado los ahorros aquí?
¡Ay, Clara! Era una broma, mujer…

La madre de Luis, desde luego, tenía el día cruzado. Se esperaba una reforma de revista del Hola, pero lo que hubo fue una más bien normalita. Todo nuevo y bonito, sí, pero no el derroche que imaginaba. Por eso andaba toda contrariada. Luis y Clara no tenían dinero como para permitirse lujos en la reforma de nadie. Se esforzaron al máximo y aun así, la suegra ni las gracias.
Clara, creo que a mi madre no le ha entusiasmado la reforma…le confesó Luis una noche.
Pues claro, eso es lo normal. ¿A tu madre le entusiasma algo alguna vez?
Ella esperaba algo mejor…
¡Escucha! No tenemos tanto dinero.
¿Y si pedimos un préstamo? metió baza la suegra por detrás.

Clara ya ni escuchaba. Por contentar a su madre, igual podían pedir dinero prestado a alguien. Prometería devolverlo y hasta añadirle unos eurillos de más. Pero Clara tenía claro que eso era ya demasiado. Antes de que dijera nada, Luis se adelantó:
Mamá, ¿qué préstamos ni qué niño muerto? Sabes lo que pienso. Y menos para una reforma. Está todo muy bien hecho, y es de buen gusto. ¿Qué más quieres?
Bueno, al menos podríais arreglar un poco mejor la cocina…Y la madre se fue dando un portazo.

Luis, tu madre ya ni se corta, murmuró Clara.
Lo sé, tiene un genio terrible…

Había mucha gente en la tienda de bricolaje. Clara llevaba en la mano un mantel nuevo, y Luis andaba liado con piezas de fontanería. No estaban comprando nada raro, pero sale por un pico. Y lo peor es que parecía no tener fin.

De repente, Clara se detuvo en seco.
Tú decías que ya no teníamos más dinero para reformas…
Pues la verdad, hemos tenido que pedir algo prestado…
¡Me planto!dijo ella, dejando el mantel en el estante. Que lo compre quien quiera. Ya está bien, hemos hecho suficiente por tu madre. ¿Le has prestado? Pues se acabó. Ni se te ocurra discutir conmigo.

Clara se fue directa a la puerta. Luis la siguió con resignación. Al fin y al cabo, aunque fuera por su madre, esto ya era pasarse de la raya.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

four × 2 =

—“A mi madre no le gusta el desorden, ya lo sabes.” “Pero a tu madre le encantan las reparaciones gratis”, respondió Sara.
El día después de nuestra boda, mi marido sacó el tema de cómo gestionar el presupuesto familiar