La joven campesina con manzanas me encantó tanto que ahora tengo el sótano lleno de manzanas.

Nunca había visitado a mis tíos en el pueblo porque no sabía qué se podía hacer allí. ¿Y qué importaba que hubiese bosque y aire puro, si en la costa uno podía relajarse mucho mejor? Pero este año coincidió que necesitaban mi ayuda, y soy alguien de confianza, así que fui.

Buscando la casa de mi tío, vi por casualidad a una chica que vendía manzanas. Llevaba tres cubos enormes y ya era casi de noche. La chica era tan guapa que me quedé sin aliento. Imaginé que tendría que llevar sola los cubos a casa, así que me detuve a su lado, le pregunté el precio y le compré los tres. Las manzanas estaban deliciosas, dulces y jugosas, pero mi tío me regañó por traer tantas. Por suerte, mi tía fue comprensiva, sabía que había conocido a Alba, que era realmente hermosa.

Mientras ayudaba a mi tío con unas obras, no podía evitar pensar en aquella chica. Pregunté a la familia y supe que era huérfana, pero vivía con su bisabuela y demás parientes. Siempre estaba en casa o vendiendo fruta y verdura en la carretera. No la dejaban vivir, obligándola a trabajar y tampoco le permitían estudiar en la ciudad.

No soy tímido, pero me daba vergüenza aparecer de repente en su casa, así que volví a recorrer el pueblo hasta que Alba salió de nuevo con otros dos cubos de manzanas. Tuve que comprarlas, aprovechando para hablar con ella y pedirle, un poco a lo loco, que paseáramos por los alrededores.

La primera vez me rechazó, diciendo que tenía mucho que hacer, pero al día siguiente volví a comprarle dos cubos más, y entonces no tuvo más remedio que aceptar.

Era una chica fantástica: dulce, divertida, lista. Me preguntaba entre risas si había montado con mis tíos una fábrica de sidra, porque ¿para qué querría tantas manzanas?

Algunos pensarán que me volví loco porque estuvimos saliendo cerca de dos meses mientras ayudaba a mi tío, y luego, prácticamente “rescaté” a Alba de su familia, pidiéndole matrimonio. Ella no dijo que no, y a principios de otoño nos mudamos juntos a Madrid.

Ahora, mientras nos preparamos poco a poco para la boda, Alba hace cursos de peluquería y de vez en cuando, recordamos las manzanas. Seguramente mis tíos aún siguen disfrutando de ellas…

En la vida, a veces hay que arriesgarse por quienes nos hacen sentir vivos. Como decía mi abuela, quien no se atreve nunca probará el verdadero sabor de la felicidad.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

sixteen + twelve =

La joven campesina con manzanas me encantó tanto que ahora tengo el sótano lleno de manzanas.
La Casa del Encuentro Desafiante