He pagado unas vacaciones para que mi madre nos echara una mano a mi hija y a mí. Y resulta que se ha cogido ella unas vacaciones.

Hace año y medio, mi mujer y yo fuimos padres por primera vez. Tuvimos una niña preciosa. Y este año, pese a que nuestra hija aún es tan pequeña, decidimos irnos de vacaciones los dos juntos. Cuando mi madre vino a visitarnos, le contamos nuestros planes.

Mi madre enseguida comentó:

¿Y cómo pensáis descansar con una niña tan pequeña? No vais a poder disfrutar realmente. Mi vecina acaba de volver de unas vacaciones. Se llevó a sus hijos para que le ayudaran con sus nietos. Yo también iría, pero sinceramente no tengo dinero.

Entendí la indirecta de mi madre al momento, pero no le dije nada en ese instante. Preferí hablarlo con mi mujer y reflexionar. Al día siguiente, le dije a mi madre que queríamos que nos acompañase. Pero fui muy claro con ella:

Mira, mamá, mi mujer te va a pagar todo el viaje. Tendrás tu propia habitación, se hace cargo de los billetes, te daremos para tus gastos personales. Solo te pedimos que vengas a echarnos una mano. Incluso te daré un dinero extra, pero eso sí, ¡que mi mujer no se entere de esa parte!

Mi madre, encantada, aceptó la propuesta. Y así nos fuimos los tres. El primer día lo pasamos todos juntos. Tras el vuelo estábamos cansados y nos fuimos a dormir temprano. Pero ya al segundo día, le dije a mi madre:

Mamá, ¿puedes llevarte esta noche a la niña contigo a tu habitación? Nos gustaría ir a cenar solos a un restaurante.

Sin embargo, mi madre contestó:

Me encantaría, pero lo siento, no puedo. Ayer compré dos excursiones y mañana salgo temprano.

¡Pero mamá! ¿Cómo es esto? ¡Habíamos quedado en que nos ayudarías con la niña! ¡Ese era el acuerdo desde el principio!

Mi madre replicó:

He reservado solo dos excursiones, son solo dos días para mí y para disfrutar un poco. Luego ya me pondré a ayudaros con la niña, te lo prometo.

No tuve más remedio que aceptar. Dos días después, mi madre me dijo:

Creo que he cogido frío, hijo. Ocúpate tú de la niña estos días. No quiero pegarle nada.

¡Mamá! Pero si ni tienes mocos ni toses ni nada, no pareces enferma le respondí, sorprendido.

Pasó una semana así. Mi madre se quejaba a diario de encontrarse mal. Un día, la pillé comiendo helado tan tranquila.

¡Mamá! ¿Pero qué haces? ¿No estabas mala de la garganta? ¿O nos has estado engañando estos días?

¡Uy hijo! Yo también tengo derecho a descansar. ¡Yo también trabajo todo el año y estoy muy cansada! ¡No soy vuestra niñera! me respondió mi madre, sin empacho.

Yo no daba crédito:

Pero el acuerdo era que te pagábamos las vacaciones y, a cambio, nos ayudabas con la niña. ¡Y te lo estás pasando mejor que nosotros!

Me sentí profundamente dolido con mi madre. Y hasta el final de las vacaciones, apenas nos dirigimos la palabra. Volvimos a Madrid y seguimos sin hablar mucho. Han pasado ya tres meses y todavía no he conseguido perdonarla por aquello…

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

eighteen + seventeen =

He pagado unas vacaciones para que mi madre nos echara una mano a mi hija y a mí. Y resulta que se ha cogido ella unas vacaciones.
Soledad Compartida: Cuando Dos Caminos se Cruzan en la Soledad